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Diario de una pesadilla 16 de mayo

sábado 16 de mayo de 2020, 14:18h
Se nos han ido en las últimas horas, dos personas relevantes, cada uno en su mundo. Juan Genovés en el mundo de la pintura y Julio Anguita en el mundo de la política. Genovés murió rozando los noventa años y Julio Anguita con setenta y ocho años de edad.

A Julio le he entrevistado muchas veces y no todas para hablar de política. También hemos hablado de libros en varios San Jordi en los que hemos coincidido. Tengo que decir que le encontré la última vez desencantado de la política y desengañado de la deriva de algunos compañeros de partido con los que tampoco estaba de acuerdo. Era un hombre libre para decir y hacer lo que pensaba. Un caballero con una educación de las de antes. Jamás olvidaré aquella vez que decidió llevarme por las fuentes de Córdoba de noche. Iba junto a Rosa Aguilar y el tiempo que nos dedicó, se transformó en una pura lección de historia. “El Califa” conocía su ciudad como la palma de su mano. Se la había pateado de esquina a esquina en su época de alcalde de Córdoba entre 1979 y 1986. Fue un cicerone excepcional, tan es así que hoy conozco Córdoba de noche más que de día. Como buen cordobés, ya que uno tiene que morir, que sea en mayo. No hay una época más bonita que la de los patios engalanados.

Su corazón no aguantó más. Ya había sobrevivido a varios infartos. De uno se salvó por tomarse dos aspirinas nada más tener los primeros síntomas. Mal aguantó su maltrecho corazón la muerte de su hijo, el periodista Julio Anguita Parrado. Murió al ser alcanzado por un misil lanzado por el ejército iraquí contra el centro de comunicaciones en el sur de Bagdad. Como corresponsal de guerra se encontraba allí junto a la Segunda Brigada de la Tercera División de Infantería del ejército americano. Fue para Julio muy doloroso que su hijo muriera en aquella guerra y en aquellas circunstancias.

De nuevo una parada cardiorespiratoria le llevó al hospital hace unos días. Ha muerto en Córdoba donde siempre ha estado y estará su corazón.

En este momento tan extraño que nos ha tocado vivir se nos ha ido también un gran pintor. El valenciano Juan Genovés. Murió con la ilusión de hacer una exposición para su galería, cuando estaba a pocos días de cumplir los noventa años.

Fue muy activo en los colectivos más comprometidos del arte pictórico de postguerra. El concepto que siempre manejó con sus pinceles fue : el hombre en soledad y el contrapunto: las muchedumbres. Aseguraba que cada cuadro que pintaba era como una liberación: “como si me quitara un peso de encima”.

Tuvo la brillante idea de hacer en plena transición el cuadro que definía perfectamente ese momento que estábamos viviendo. Lo simbolizó en “el abrazo”. Una oda al reencuentro y a construir una sociedad mejor entre todos, sin exclusión.

Ese abrazo de Genovés hoy nos vendría bien y más en estos momentos. Pintó un cuadro ilusionante por la política de aquel momento. ¿Y ahora? ¿Qué cuadro haría Genovés? Me hubiera gustado saber cuál fue su última pincelada. Seguramente habría vuelto al primero de sus conceptos: la soledad. Esa es la sensación que hoy tenemos todos. Soledad en un momento crítico y difícil. Además, nos sentimos más solos cuando se nos va tanto talento discreto. Talento silenciado por “el coro de los grillos que cantan a la luna”. ¡Basta de ruido! Hoy es el tiempo de aquellos que nos ayudaron a construir un mundo mejor. Hoy es el tiempo de Julio y Juan. Siempre en nuestro recuerdo. Siempre en nuestra memoria.




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