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Diario de una pesadilla 3 de mayo

domingo 03 de mayo de 2020, 13:40h
Hemos llegado al día de la madre sin poder celebrarlo. Recuerdo el último día de la madre que celebré con la mía. Se vistió para la ocasión con un traje de chaqueta verde esperanza. Se arregló mucho y se pintó la boca de rojo. Nunca dejó de hacerlo ya que el rojo en los labios estuvo de moda en la postguerra y se volvió a poner de moda hace diez años y ella se entregó al pintalabios como si reviviera los diecisiete. Siempre cálida, habladora, simpática y muy inteligente. Como maestra que era, gran lectora y conocedora de la Historia de España, le hubiera gustado conocer a mi profesor de Historia Carlos Seco Serrano ,que en estos días de confinamiento, se nos ha ido tras contraer la Covid-19.

Las clases de Seco Serrano en la Universidad Complutense siempre eran clases magistrales. Daba gusto escucharle. Nos reñía constantemente a los alumnos porque decía que “no teníamos ni idea de lo que había sido la Guerra Civil Española”. Le sacaba de sus casillas nuestra ignorancia, reflejada en los exámenes. Un día me acerqué hasta su mesa y le conté mi caso. “Profesor, le dije, cuando íbamos a llegar a la guerra civil, todos los profesores que tuve en el colegio, daban por terminado el temario”. “El año que viene ya os la explicarán”, nos decían. Y así un curso, y otro y otro... Hablando con gente de mi generación y otras posteriores, les ocurrió lo mismo. La guerra civil no podían enseñarla de la manera que venía en los libros. Por eso, preferían saltársela. Seco Serrano me escuchó , y a otros muchos compañeros que decían lo mismo, muy atentamente. Días después, se paró en la guerra civil y nos enseñó por primera vez la barbaridad de lo que había sido todo aquello. Sí, él fue el primero. Siempre he seguido de cerca sus libros desde entonces. ¡Cuánto hubiera disfrutado mi madre escuchándole!
Supe la dimensión humana que tenía mi madre, cuando se fue. En su entierro se me acercaba la gente diciéndome: “No sabe lo que me ayudó su madre”. “Muy agradecidos por los papeles que nos arregló su madre”. “Millones de gracias en nombre de nuestra familia por el apoyo incondicional de su madre”. Así uno detrás de otro. “¿Pero a cuánta gente ha ayudado mamá?”, nos preguntábamos sus hijos. Ella solía decir la frase de San Mateo:” No dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace la derecha”. Tengo que decir que mi padre era igual: ¡Vaya dos! Pero como es el día de la madre, le toca a ella. Y lo peleona que era, lo descubrimos cuando quisieron construir un parking bajo nuestras casas y decidieron talar los cientos de árboles que teníamos a la puerta. La dio una angina de pecho llamando de puerta en puerta en el Ayuntamiento de Madrid para impedir que lo hicieran. Alguna vez Esperanza Aguirre me preguntó por ella porque mi madre encabezaba las reuniones de vecinos. Al final, viendo que peligraba su salud, sus hijos la obligamos a que abandonara su querida casa y a sus queridos vecinos cuando aquella “guerra” la perdieron. Acabó haciéndose un parking y la mayoría de los árboles no regresaron. ¡Qué fuerza tenía! ¡Impresionante!
Mamá siempre sabía que pasaba por tu cabeza antes de verbalizarlo. Nos había observado tanto de pequeños que conocía perfectamente lo que ocurría en nuestras cabezas. Era también muy protectora. Cuando empezaba en el fascinante mundo del Periodismo quiso quitarme la idea, pero luego se rindió. En el fondo, le encantaba leer las historias que escribía. Hubo una vez que sabía que iba a entrevistar a unos delincuentes que acababan de salir de la cárcel. Me mandó mi redactor jefe a entrevistarles. Quedé con ellos en una cafetería y cuál sería mi sorpresa cuando en mitad de la conversación descubro a mi madre entrando en la misma y sentándose con una señora que no conocía de nada a observarme. Yo la miraba por el rabillo del ojo y enseguida entabló conversación con aquella señora con la que acabó haciéndose amiga. No se movió de allí hasta que terminé y salí del local. Fue mi guardaespaldas en esos primeros años en los que me mandaban a cubrir aquello que no quería hacer nadie. Como aquel mitin al que me mandaron y alguien dijo en voz alta que “si hay algún periodista lo sacaremos a palos…”. Por allí seguro que estaba ella. Muy protectora. Mucho.

Por cierto, si estuviera viviendo este momento estaría recitando alguno de sus muchos refranes:”no hay mal que cien años dure”. Éste lo repetía mucho. Otro que también se podría aplicar: “la Ciencia siempre tienen respuesta para todo”. Y no le faltaba razón. Llegará la vacuna y en menos tiempo del que nos decían al principio. Las investigaciones, los fármacos, nos traerán la normalidad y la libertad a nuestras vidas. ¡Las madres siempre tienen razón! ¡Feliz día a todos!
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