www.madridiario.es

Un Mes

Por Esther Ruiz Moya
miércoles 15 de abril de 2020, 09:53h

Días que pasan, con sus 24 horas... Y así, uno con otro, ya suman un mes de confinamiento.

¡¡¡Un mes!!! 30 días con sus 30 noches de una situación, que aún nos parece increíble que estemos viviendo. Un escenario que ni al mejor guionista se le hubiera ocurrido... Aún lo vemos como algo que no puede estar pasando, algo de ciencia ficción, como un mal sueño, como una pesadilla... Aún nos impresiona oír el silencio, ver las calles más importantes del mundo vacías, ciudades fantasma, pueblos desolados, playas desiertas, animales que se adueñan de nuestras plazas... Hemos cambiado nuestros complementos habituales por guantes de látex y mascarillas. Tenemos una alarma nueva en el móvil, las 20h, la hora de los balcones, la hora de aplaudir. Hemos pasado de pensar que sería imposible no tocarnos a no dejar que nadie se nos acerque a menos de dos metros. O que sería imposible estar en casa todos juntos, a temblar de miedo sólo con pensar que alguno tenga que salir. Nuestro vocabulario está lleno de virus, coronavirus, pandemia, COVID 19, bicho, estado de alarma, crisis sanitaria, hibernación de la economía, cuarentena, confinamiento, curva, miedo, fallecidos, infectados... Nuevas palabras que ya van siendo cada vez menos nuevas. Frases gastadas de tanto usarlas “quédate en casa”, “cuídate”, “ya queda menos”, “juntos saldremos”, “todo va a ir bien” “un día más es un día menos”... Canciones que ya forman parte de nuestra banda sonora vital : Resistiré, Sobreviviré, Pero a tu lado, Bonito, Viva la Vida, I will Survive, Eye Of the Tiger, We are The Champions...

Y sabemos que seguiremos sumando días a este confinamiento, aunque no sabemos cuántos, ni tampoco cómo serán los días que vendrán. Porque cada día tenemos una nueva versión, una noticia o muchas nuevas noticias. Es más, estamos en un momento en que de día pueden decirnos una fecha de salida y por la noche no haber fecha... Y lo más curioso es que ahora no queremos salir, ni que los nuestros salgan. Tenemos ganas de “normalidad”, de reencuentro, de besos, de abrazos, de caricias... Pero es tanta la incertidumbre, que nos puede más el miedo que las ganas. ¿Qué va a pasar si salimos...? ¿Cómo vamos a salir si no estamos protegidos...? Y si un martes hay más infectados “por el efecto fin de semana”, ¿Qué pasará si empezamos a salir todos? ¿Nos infectaremos? ¿Habrá un repunte y volveremos a empezar?... Y lo que más nos inquieta: ¿Cómo se puede estar hablando de “guerra”, de “soldados”, de “héroes” y a la vez mandarnos al frente a luchar sin armas? Son tantas las dudas, son tantas las preguntas sin respuesta, que no sabemos si lo mejor sea dejarnos llevar y lo que tenga que ser, será...

Pero a la vez, en este mes de confinamiento hemos aprendido que ante tantas dudas, ante tanto miedo, ante tanta desolación, ante tanta incertidumbre. Ante tanta pena, ante tanta rabia, ante tanto drama... Lo único que está en nuestra mano, lo único que realmente depende de nosotros y que no podemos perder, es la Actitud. Y es verdad que tenemos muchos motivos para estar tristes, para venirnos abajo, tantos, que a veces no nos permitimos exteriorizarlos, sin darnos cuenta que no pasa nada, que es bueno, que eso es lo que nos hace humanos. Pero también es cierto que tenemos las mejores y más extraordinarias razones para seguir adelante: La ilusión de volvernos a ver, sabiendo que siempre hay alguien que nos necesita, que es feliz porque estamos en su vida. Porque aún nos queda mucho por besar, por abrazar, por dar, por agradecer, por reír, por compartir, por celebrar, por aprender, por amar...

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que volvió nuestras vidas del revés y que aun siendo el más injusto, se creyó juez y dictó sentencia. Y nos condenó a un “arresto domiciliario revisable” que empezó siendo de quince días y continuó prorrogándose. Y lo hizo creyendo que seríamos incapaces de cumplirlo, pero una vez más se equivocó. Porque al privarnos de nuestra libertad, hizo que encontráramos el motivo más importante para no caer, para no desesperarnos, para salir, para conseguir que nuestros sueños fueran más grandes que nuestros miedos. La razón que se convertiría en la mejor y más eficaz medicina, la que nos salvaría: Nos descubrió nuestras maravillosas ganas de VIVIR.

Esther Ruiz

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

1 comentarios