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Diario de una pesadilla (21)

lunes 13 de abril de 2020, 14:22h

España vuelve a poner en marcha las actividades no esenciales que aguantaron abiertas hasta que se produjo el parón total a finales de marzo. El mecanismo económico ha estado frenado dos semanas. El resto, teletrabajando y aprendiendo la gran lección de vida que nos da este virus: ¡qué poca cosa somos!

Aseguran que en la hora punta el nivel de utilización de los servicios de transporte ha sido algo inferior al 14 por ciento, con respecto a la primera semana de confinamiento. Aseguran que ha funcionado el reparto de mascarillas en los servicios de transporte. En los trenes de cercanías, en las 16 estaciones de la Comunidad de Madrid han utilizado este servicio 13.375 personas. Muchas personas me parecen para guardar la distancia de seguridad. Veremos mañana qué ocurre porque en varias comunidades hoy era festivo. “Las mascarillas—según la doctora Sierra, son una barrera para la dispersión de las gotitas respiratorias de alguien que todavía no tiene los síntomas pero puede contagiar”. “Las mascarillas son un buen complemento” dixit la doctora Sierra. Ya saben, antes no, ahora sí. Asegura la portavoz del centro de alarmas y emergencias que” lo importante es que las personas que empiecen síntomas, ¡se aislen!”. Da la impresión de que autoridades sanitarias , al igual que los pacientes van aprendiendo a la vez sobre cómo tratar esta pandemia.

Me ha alegrado escuchar a Javier Solana ya recuperado, después de dar positivo, diciendo que “este virus se puede superar”. Lo ha pasado muy mal sobre todo, ese día octavo en el que la fiebre parecía no remitir y la falta de aire le llevó a la UCI. Después, se ha dedicado a dar ánimo a sus compañeros de habitación. A uno lo perdió por el camino, al otro que sigue convaleciente pero recuperándose, no lo olvidará jamás. Escuchaba también a una superviviente anónima que comentaba al salir de Ifema que daba las gracias a los médicos y a sus compañeros de cama. No les pidió el teléfono para seguir la amistad porque “necesitaba olvidar esta pesadilla cuanto antes”.

¿Y qué me dicen del “bestia” que rompió el confinamiento con su perro? Se fue al campo y como el perro se le escapó, le castigó atándole a la parte trasera del coche. El pobre animal agotado corriendo todo el camino, en un momento, le fallaron las patas y quedó unido por la cuerda que le ataba desde el cuello al coche. Cuando paró, ese pobre animal estaba ahorcado”. ¡Hay castigos que realmente definen a los dueños de los animales! Prefiero quedarme con la imagen de ese equipo médico cantando “cumpleaños feliz” a los pacientes que están en cama o esa banda municipal frente al Gregorio Marañón interpretando el ya himno:”Resistiré”. ¡Lo vamos a conseguir!

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