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Lucía Sun, fotógrafa de origen chino: “El racismo es otro tipo de peligro vírico”
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(Foto: Lucia Sun)

Lucía Sun, fotógrafa de origen chino: “El racismo es otro tipo de peligro vírico”

viernes 10 de abril de 2020, 09:00h

El inicio del brote de COVID-19 en la ciudad china de Wuhan provocó algunas actitudes racistas contra la comunidad oriental. En respuesta a este ataque, ciudadanos chinos residentes en distintos países de Europa y EEUU empezaron a denunciar en redes sociales la xenofobia de la que eran víctimas al ser considerados los causantes de la pandemia. Sus voces dieron lugar de manera espontánea al movimiento #ImNotAVirus (#NoSoyUnVirus).

En Madrid, una veintena de jóvenes chinos de segunda generación, es decir, nacidos ya en nuestro país, ha querido dar un paso más allá y realizar una campaña visual que pretende amplificar ese mensaje contra el racismo, que sobre todo sufren sus mayores, a través de las redes sociales. Al frente de esta aventura, cuyos frutos ya son visibles en Instagram (@imnotavirus_19), se encuentra Lucía Sun, fotógrafa de moda de 26 años nacida en Orense, de padres emigrantes chinos y asentada por trabajo en Madrid.

Pregunta: Háblanos de tu proyecto.

Respuesta: Es una campaña de fotografías que intentan, mediante el arte, proyectar una conciencia y dar una visibilidad a un grupo minoritario afectado por el racismo, que ahora vive su momento más efervescente. Toda la campaña de fotografías lleva una connotación enfocada en la pregunta que debemos hacernos todos: ¿Qué se propaga más rápido, el virus o el racismo? También la importancia de la protección contra el racismo, la libertad de expresión oprimida de la cultura asiática, su dificultad para la integración y adaptación...

Cuando surgió la amenaza del coronavirus, una realidad solo presente en Asia, mucha gente empezó a tomárselo a la ligera. Surgieron memes, comentarios racistas y bromas acerca de los chinos a raíz del virus. De ahí surgió ese movimiento en defensa de nuestra integridad con el hashtag #ImNotAVirus y gente china sujetando un cartel. Pero me di cuenta que faltaba un imaginario unificado. El arte es la mejor herramienta de protesta.

P: Detrás de esta campaña estáis jóvenes chinos. ¿Por qué los mayores no pueden o no se atreven a hablar?

R: Por una parte, nosotros tenemos una mentalidad y cultura más diferente. Normalmente la cultura asiática está habituada a mantener un perfil más discreto. Los jóvenes tenemos las habilidades de expresión que nuestros padres y mayores no han tenido, gracias a nuestra educación que nos ha permitido integrarnos y adaptarnos mejor en un país. También entre los chinos -conozco un caso en mi familia- reconocer el hecho de haber sufrido situaciones racistas les avergüenza y no quieren hablar de ello. El orgullo es algo importante para ellos, jamás he visto a un chino mendigando.

P: Los jóvenes chinos asumís que la comunidad china de primera generación, la de vuestros padres, se integra poco en los lugares donde se asienta. Nada que ver con vosotros.

R: La comunidad china siempre han tenido una especie de resistencia a integrarse y disolverse en el conjunto de la sociedad general. Entre los chinos existe una inclinación cultural poderosa en mantener sus rasgos de identidad, el desconocimiento del idioma y que muchos no tengan regularizada su residencia en el país tiende a aislarlos y a que se vuelquen con mayor facilidad sobre su grupo de origen.

P: Vuestro mensaje es universal, no se dirige a una ciudad o región en concreto. Pero, como vecina de Madrid, ¿te consta que se estén produciendo ese tipo de actitudes racistas contra la comunidad china en la región?

R: Por supuesto. Yo misma he vivido situaciones de esa índole y gente cercana a mi entorno. En mi trabajo, por ejemplo, estuvieron haciendo bromas. Cuando llegaba un paquete de Amazon decían que tenía el coronavirus. Cuando les dije que dejaran de hacer esas bromas pesadas, una compañera de trabajo me llamó victimista. Otra vez, ya cuando empezó a haber casos de coronavirus, estaba en el taxi yendo a trabajar con una compañera y la taxista comenzó a decir que la culpa era de los chinos, que trajimos el virus y que encima cerramos primero las tiendas para no contagiarnos nosotros.

Más recientemente con el proyecto de #YoNoSoyUnVirus me escribió una chica negra por Instagram diciéndome que intentaba ser empática con nosotros pero no podía porque por nuestra culpa el mundo era un caos y no podía hacer vida normal e ir a trabajar, por la distancia social, que teníamos que hacernos responsables. Intenté explicarle de una manera educada que no puedes hacer responsable a una persona de algo que no ha causado solamente basándote en su raza e intenté que fuera empática preguntándole como lo vería si hubiera pasado en su raza. Su respuesta fue: "Bye!".

P: Queréis concienciar sobre los ataques racistas hacia asiáticos. ¿Crees que la crisis del coronavirus ha destapado algo que ya existía antes?

R: Por supuesto, el racismo y los microrracismos siempre han estado presentes en la sociedad. La gente tiene una visión bastante negativa de los chinos. El problema es que ahora se ha enfatizado. Cuando se habla de racismo, se habla mucho del racismo hacia la gente de color y los asiáticos siempre quedan en un segundo plano.

P: ¿A qué crees que se deben esas actitudes?

R: Por una parte, creo que cuando la gente tiene miedo se aferra al odio. Si hubiera sido otra minoría también estaría siendo atacada. Pero este problema se agrava por el desconocimiento e ideas preconcebidas que vienen por la falta de herramientas que estrechen estos lazos entre ambas culturas. A los chinos se nos ve como máquinas de trabajar, como tontos o débiles. Estas burlas vienen derivadas del poco entendimiento que existe hacia esta cultura. En la sociedad asiática desde pequeños se les imparte la importancia del respeto, la humildad y la disciplina. A la larga quien rechaza esta educación es excluido de la sociedad. Trabajar y ahorrar es importante para que nuestras futuras generaciones puedan vivir mejor. Siempre hay un pensamiento de bienestar colectivo, tanto en la sociedad como en la idea de familia. Antes de que surgiera la pandemia podías ver a muchas personas en Asia llevando mascarillas, la gente no las lleva por estética, desde pequeños se inculca que si se siente malestar es importante no contagiar a los demás.

P: Todas las fotos de esta campaña, realizadas por ti, se pueden ver en la cuenta de Instagram de este proyecto con el lema “Propaga el amor y no el odio”. ¿Confías en que cale el mensaje?

R: Espero que mi proyecto ayude a difundir y dar a conocer una realidad que existe, y que está en auge con la pandemia. Espero que siendo conscientes de esta realidad, ayude a la gente a empatizar y a dejar de cometer actos de racismo, que es otro tipo de peligro vírico.

P: Y habéis apostado por las imágenes como antídoto para este virus. ¿Pueden llegar a ser más eficaces que las palabras?

R: Efectivamente, una imagen es capaz de captar la sensibilidad y un mensaje de una manera única y mucho eficaz que las palabras. Hay ciertas sensaciones que son difíciles de explicar, la belleza de una fotografía solitaria, la representación simbólica del color o la crudeza de una textura en una imagen te ayudan a representar y dar un contexto al mensaje que quieres transmitir. Son elementos difícilmente descriptibles.

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