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Domingo de luto (no oficial)

domingo 29 de marzo de 2020, 19:29h

El sol salió este domingo. Es una buena señal de ánimo. Desperté sin saber que era una hora más de lo que marcaba el despertador. Olvidé el cambio horario de primavera. También he olvidado más cosas en estos diez días que llevo sin salir de casa.

He cumplido a rajatabla lo señalado por las autoridades que decretaron el estado de alarma después de que el coronavirus entrara con sigilo y ninguna visibilidad en nuestras casas, lugares de trabajo, en todos los lugares. El virus se ha colado por todas las rendijas y se ha hecho pandemia.

Ya era mediodía cuando empecé ponerme en marcha. Conecté el teléfono móvil y el primer pitido, un wasap de una buena amiga que me recomendaba una entrevista del filósofo Emilio Lledó en las páginas de El País con el titular “Ojalá el virus nos haga salir de la caverna, la oscuridad y las sombras” y me animó a leerlo con ánimo. Todavía sentía el sol en los ojos cuando otro wasap volvía a sonar y anunciaba que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, firmará un decreto que declara luto oficial en la región desde mañana, lunes, por el Covid-19.

Días atrás también conocí que la mandataria madrileña tiene en mente levantar un monumento a los caídos por los ataques del coronavirus. Tanatos y Eros, nombres de la mitología griega que utilizó el ‘padre’ del psicoanálisis Sigmund Freud para referirse a dos instintos básicos que actúan en el ser humano: de vida y muerte.

Desde la llegada de ese último mensaje sentí malestar porque de nuevo se vuelve a la guerra de las banderas. Arriadas, izadas o medio levantadas. Nunca había oído ni leído en ninguna guerra, recurriendo al mismo lenguaje que utilizan desde los poderes políticos para referirse a la batalla contra el coronavirus, que en medio de la contienda se proyecten monumentos a los caídos y a los ya caídos y a los que caerán hasta la victoria final.

Tampoco supe de la existencia de invitaciones a guardar un minuto de silencio todos los días, en memoria de los fallecidos. Vaya ánimo para la tropa que se bate el cobre cada jornada, vestidos de sanitarios, para atender a todos los ciudadanos infectados. Se enfrentan a la batalla diaria sin las armas necesarias para abatir al enemigo: guantes, mascarillas, respiradores, mascarillas. Además, trabajando sin descansar horas y horas por falta de personal sanitario para atender tanta demanda de atención.

Otra cosa es el aplauso de ánimo que millones de españoles ofrecemos cada tarde a las 20.00 horas a todos los que siguen trabajando para atender a todos los que estamos encerrados en casa: sanitarios que nos curan, trabajadores de los centros comerciales y demás.

Tanatos y Eros. El luto oficial es lo que nos faltaba para seguir oyendo palabras que sólo son lugares comunes y no dicen nada. Parece que en este tipo de decisiones la inteligencia emocional destaca por su ausencia.

Hay que mantener el ánimo de la gente. Tiempo habrá de homenajear a los muertos y ayudar a los vivos. Cuando los enfermos sin atender son más que las camas disponibles, de qué sirve el luto. Cuando el paciente encuentra por fin una cama en un lugar en el que quien le atiende no cuenta con equipo de protección individual (EPI), de qué sirve que la bandera esté a media asta.

Por la falta de material, debido a los recortes que ahora sentimos como barbaridad, estoy de luto, pero no oficial, solo personal, por la muerte del sentido común. Tampoco haré nada con la bandera que no tengo porque la patria es otra cosa que la exhibición. Somos millones de españoles confinados en casa, y decenas de miles de trabajadores de la salud, la seguridad y la alimentación merecen un fuerte aplauso de vida, ánimo y alegría (Eros). Ellos pueden ayudar a que los tanatorios dejen de recibir cadáveres (Tanatos).

Me amargó la soleada mañana ese luto oficial, pero unas palabras de Lledó me dieron esperanza de vida: “Debemos estar alerta para que nadie se aproveche de lo vírico para seguir manteniéndonos en la oscuridad y extender más la indecencia. Sobrecoge ver el poder que tienen sobre nosotros ciertas personas disparatadas, pues un imbécil con poder es algo terrible. Deseo de verdad que esto nos sirva para algo como sociedad”.

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