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Coronavirus y regresión a la infancia

miércoles 11 de marzo de 2020, 18:41h

Del coronavirus sabemos poco los que no somos duchos en la materia. Hemos leído que este brote ha causado más de 3.800 muertos y que hay más de 120.000 personas contagiadas en todo el mundo. Que se inició en la provincia china de Wuhan y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elevado el riesgo de expansión a "muy alto" a nivel mundial por el creciente número de casos fuera de China.

Llegó a Europa, supimos que la ciudad italiana de Milán era donde había más infectados y cuando llegó a España, el gusanillo de la curiosidad nos sumergió en una realidad que se nos acercaba. Nos empezó a preocupar y poco a poco lo fuimos sintiendo como otro ‘mal’ cercano. La preocupación y el miedo se coló en nuestro estómago. La Comunidad de Madrid empezó viendo el coronavirus como algo que sucede en el mapa nacional pero que, al principio, no nos señalaba. De pronto, empezaron a caer de forma compulsiva numerosos casos en el registro de positivos a este brote, y cuando nos dimos cuenta, nos convertimos en la región más infectada.

El lunes de la semana en curso empezó inquieto. Se anunció la celebración de un Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid para tratar de lo que ya era una preocupación de muchos madrileños. Lo que estaba previsto para las 19,30 horas, una rueda de prensa de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se retrasó casi una hora. Decenas de periodistas y cámaras de TV llenamos el lugar dedicado a los ‘plumillas’: poco espacio para tantos informadores. La noche cayó sobre nosotros, que esperábamos lo que muchos sabíamos, pero no oficialmente: el cierre de colegios y universidades por el coronavirus. Pasaron los minutos que a los que estábamos a la espera de la noticia nos parecían horas.

De pronto para entretenerme, recordé antiguas lecturas sobre terapias alternativas en las que uno aprende a hacerse preguntas sobre la enfermedad mental: ¿locura o creatividad? Algunos aseguran que la regresión a la infancia es una excelente técnica de psicoterapia profunda para sanar heridas y traumas del pasado o para viajar al origen para mejorar el presente.

Decidí que pedir hora al psicoanalista a esas horas no era una buena decisión. De pronto, el whasapp empezó a sonar. Eran mis nietos, interesados por el cierre de los colegios, deseosos de que su “abu” les transmitiese en directo la llegada de sus nuevas ’vacaciones’. Era lógico su interés; yo, con esa misma edad, habría sentido lo mismo. “Abuelito, diles que se cierren, vota que sí”, me lanzó Suriñe (7 años). Logan (5 años) hizo lo mismo que su hermana y añadió que estaba a punto de caérsele su primer diente. Pensaba sin duda en el Ratoncito Pérez.

Un segundo mensaje de la niña preguntaba si estaba en la Asamblea de Madrid y quería saber si ya había empezado la rueda de prensa. “Infórmanos de cómo va la situación”, decían al unísono ambos niños. “Por cierto, que en la tele ya lo han anunciado”, dijo Suriñe, quien me preguntó que a qué iba a una rueda de prensa para escribir lo que ya se sabía por la TV y por las declaraciones del ministro de Sanidad, Salvador Illa. Durante mi regresión a la infancia, no perdí el control de mi cuerpo, ni de mi mente. Mis nietos me hicieron llegar a un estado agradable durante el cual sentí relax, que me sirvió para alcanzar algunos remedios emocionales para afrontar el coronavirus.

También descubrí que las verdades de la infancia, naturales y descaradas, nos ponen a los adultos ante irrealidades y acciones incomprensibles como esperar horas una noticia que todos saben o meter la alcachofa a este o ese político para que dé su opinión al respecto de las declaraciones de cualquier fulano. Nadie quiere saber qué opina al respecto, porque ya se sabe que dirá, solo se busca el exabrupto que nos convierta en ganadores de la exclusiva del día. Decía un buen amigo médico que lo que hacemos al escribir por escribir, aunque no haya noticia por ningún lado, es como si él en una guardia, en compañía anestesista y ayudante, al terminarla sin que haya acudido ningún paciente, se operasen entre ellos.

Gran verdad, como la alegría de mis nietos por el cierre de los colegios. Antes de empezar la rueda de prensa, Suriñe me envió una foto de su rostro con la siguiente pintada: “No más cole”. A reivindicar toca.

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