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Digo, Diego y la antieducación

miércoles 15 de enero de 2020, 12:45h

Obviamente, el tema del momento es el tema del momento. Desde el miércoles 8 de enero, habemus presidente del gobierno; un gobierno cuya composición y apoyos están en boca de todos... de todos y de tantos, que casi mejor nos abstenemos de entrar en ello, porque para ello están los entendidos que, por activa y pasiva, nos desbordan con sus análisis y vaticinios. Únicamente, nos queda desear el mayor éxito a este gobierno que, lo quiera o no, deberá legislar y gestionar la Educación dentro de la Constitución Española y de los Principios Universales y derechos fundamentales educativos. Así pues, y desde este blog, ¡suerte, Sr. Sánchez! Y en lo que a nosotros nos concierne, a seguir trabajando con convicción, firmeza y calidad, que es de lo que se trata.

Pero nuestra autolimitación no impide que, como agentes educativos, nos llevemos las manos a la cabeza tras presenciar el lamentable espectáculo protagonizado por cierta parte de nuestra clase política a lo largo de estos días de debate de investidura. Y es que la imagen de un político, es decir, de un responsable público, prometiendo ante propios y extraños "blanco", para luego ofrecer exactamente "negro"; huyendo de sus contradicciones sin argumentar justificación alguna; evitando respuestas a las peticiones de explicación planteadas por sus adversarios; o sencillamente, escondiendo su mirada de la que le dirigían los rivales que le hablaban durante la sesión, ha sido un ejemplo nefasto de antivalor educativo, con impredecibles efectos en la formación moral del alumnado.

Es decir, durante dos largas mañanas de vacación académica, nuestros niños y niñas, nuestros adolescentes y jóvenes, han podido comprobar que decir "digo" para luego hacer "Diego", sin comprometer explicación alguna que justifique el cambio, y ni tan siguiera dar la cara y sostener la mirada, puede resultar rentable. Esos adolescentes han presenciado cómo se puede "ganar el partido" haciendo trampa, y haciéndola no a hurtadillas, no con picardía, ni tan siguiera intentando engañar un poco, sino de forma palmaria y manifiesta... Han presenciado que se puede ocupar la más alta responsabilidad ejecutiva del Estado prometiendo lo contrario a lo que luego se ejecuta, gozando para ello con la complicidad de los máximos órganos de representación parlamentaria y de las propias "reglas" del juego. Niños y jóvenes que consumen este debate político de máximo nivel, como si de un programa de especulaciones sentimentales se tratara, porque lamentablemente, las distancias entre la participación parlamentaria, el comportamiento de los hooligans de un campo de fútbol, o una tertulia del corazón, se acortan dramática y penosamente.

Con franqueza, reiteramos nuestra felicitación y mejores deseos a los "vencedores" del debate, pero agradeceríamos que la actividad política, sobre todo en su más alta expresión, fuera referencia de veracidad, coherencia, fundamentación y valentía. Que tras una decisión, por compleja o sorprendente que ésta sea, hubiera siempre un "porqué", una explicación, una razón y una mirada al frente y a la cara. Lo contrario es un nefasto testimonio de indignidad y una afrenta moral. Una afrenta que puede pervertir mucho de lo que nuestras escuelas trabajan abnegada y denodadamente en este ámbito.

En definitiva, que nuestros educadores y educadoras van a tener que trabajar todavía con más firmeza, convicción y calidad para intentar restañar los efectos de los "antivalores educativos" de que han hecho gala muchas de Sus Señorías.

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