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"Levytar" en la política

Por Luis Cueto Álvarez de Sotomayor
lunes 09 de diciembre de 2019, 17:22h
Dada mi incorregible afición a los juegos con las palabras, tomo prestado el apellido de la actual concejala de cultura del Ayuntamiento de Madrid (hay más ejemplos pero el suyo es de libro, valga la redundancia…) para reflexionar sobre la diferencia entre las habilidades o competencias “políticas”, las partidistas y las necesarias para la dirección de un departamento o área de gestión (urbanismo, cultura, movilidad, hacienda).
Las que podemos llamar habilidades “políticas” se refieren a varios aspectos:
  • Inteligencia emocional y empatía
  • Simpatía (don de gentes)
  • Telegenia y credibilidad
  • Dotes de comunicación
  • Capacidad de captar los problemas sociales y de proponer soluciones
Las habilidades partidistas serían:

  • La mejor conexión y relación de confianza posible con los mandamases del partido y/o tener un cargo en él (se supone que gracias a eso tendrá su apoyo en sus políticas concretas), tanto más importante si éste gobierna en instituciones complementarias (en nuestro caso de estudio, el Estado o la Comunidad de Madrid) y menos si no es el caso. Esta máxima no siempre es así (véase el enfrentamiento íntimo entre Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón en la década ominosa).
  • El “peso político” (así lo llamamos en castellano, curiosamente) dentro del gobierno (se supone que ello ayuda a que te trate mejor Hacienda, a que las políticas de tu departamento tengan más posibilidades o se prioricen frente a otras o poder tener la capacidad de llevar a cabo las soluciones ideadas

Las que podemos llamar competencias para la “gestión política” del departamento:

  • El liderazgo tanto hacia el equipo que se dirige como hacia afuera, aportando directrices.
  • El conocimiento del sector
  • El reconocimiento del sector (a ser posible tanto local como nacional como internacional)
  • La trayectoria demostrada.
  • La capacidad de trabajar en equipo (sobre todo, como es nuestro caso de entomología), cuando se trata a de un inédito gobierno de coalición)
He mirado el currículo de Andrea Levy en la web del Ayuntamiento… y no he tardado mucho en ello: no existe. Cuando se busca, aparece una frase misteriosa: “El contenido del perfil y trayectoria profesional se publica una vez que se ha facilitado la información por la persona”. O sea. ¿Descuido? ¿Desprecio? ¿Negligencia? ¿Displicencia? Me parece que un poco de cada cosa.

En internet sale algo más: que hizo un curso de dibujo de tres meses en Londres, que luego estudió protocolo, que estudió Derecho, que tuvo una beca dos años en el departamento de agricultura de la Generalitat y que trabajó año y medio como abogada en el despacho de Uría y Menéndez. Esto en cuanto a sus posibles competencias para liderar la cultura en la ciudad de Madrid.

Y en cuanto a su Cv político, además de varios cargos orgánicos en el PP, fue diputada en el Parlament de 2015 a 2019 y ha destacado como comunicadora de las nuevas generaciones de un PP que, ahogado por el descrédito, decidió acudir a caras nuevas. Como ella misma al parecer le confesaba a un periodista "Qué mal tiene que estar el partido para que me ofrezcan una vicesecretaria"

Y así, hasta hoy.

Pues bien, con ese bagaje personal, político y profesional, parece indudable que nuestra sujeto de análisis cumple con creces el perfil de las habilidades políticas (una nada desdeñable, estar en el lugar adecuado en el momento adecuado) y partidistas: cercanía con la dirección nacional del PP (véase su posición en el balcón genovés, mucho más destacada que la del alcalde. . estas cosas…). Puedo intuir, por aclarar mi postura, que podría ser una alcaldesa de Madrid igual o mejor que el actual.
Capacidad de comunicación y habilidades mediáticas. Pues parece que sí, aunque esa actitud medio burlona, medio insegura, algo chulesca quizás y su displicencia habitual concentrada en el teléfono móvil cuando no habla ella, puede que le den más puntos en su tribu que en la sociedad en general, que en el fondo aprecia más a los políticos empáticos y respetuosos.

Finalmente peso político, pues… no lo sé. Qué le indicaran que dejase el escaño en el Congreso tras el batacazo del PP en las generales para colocar a otros compañeros, que se anulase su experiencia catalana al venir a Madrid (Por cierto, igual que con su gemela Inés Arrimadas en C's) y que ocupe el cargo de presidente del comité de derechos y garantías no parece avalarlo, pero si, eso sí, su presencia en el Comité Ejecutivo del partido.

¿Estas habilidades y condiciones políticas se dan también en la parte de competencias de gestión? Aquí ya, me temo que la cosa es muy distinta. Así: ¿Liderazgo hacia dentro y hacia afuera? Más allá de la jefatura que conlleva el cargo y la capacidad de nombrar y cesar puestos, liderazgo, lo que se dice liderazgo hacia dentro y hacia afuera por la capacidades de aportar criterios (más allá de la puerilidad de sus operarios de comunicación que resaltaban que ¡ella misma había escogido el logo de Jazz Madrid!, ninguneando al diseñador), creo que poca cosa. Sus intervenciones en las comisiones leyendo milimétricamente lo que le han escrito es muy expresivo.

¿Conocimiento del sector y en concreto del madrileño? Cero patatero, más allá de aficionada al cine, que es lo que se dice en estos casos. Aunque ahora, ya en el cargo, es previsible su puesta al día. ¿Trayectoria demostrada en cultura, en gestión o en creación? Hasta ser nombrada ninguna. No ha tenido responsabilidades de gestión, ni ha dirigido, que se sepa, ninguna actividad, empresa, evento cultural. No se le conoce ningún libro ni ensayo ni producción cultural, ni composición musical ni obra gráfica, ni escultórica ni visual ni cinematográfica ni teatral, ni - que yo conozca- ha recibido premio o reconocimiento algunos por estas cuestiones …

¿Reconocimiento del sector? Acaba de empezar, pero promete. Su desprecio al “Código de buenas prácticas” en los ignominiosos ceses y nombramientos de directores y directoras de los centros culturales, su opacidad en el contenido de los proyectos que ha valorado ella para tales nombramientos pero nadie conoce (¡en la web siguen los de los directores cesados y no proyectos de los nombrados por el PP!), su insensibilidad ante los despilfarros ostentosos de la iluminación navideña, y su actitud (¡la de siempre!), de atacar lo recibido sin discriminar, han comenzado a merecer la calificación de injerencia política, por cientos de profesionales y destacadas figuras de la cultura en varias cartas y manifiestos multitudinarios.

Lo de trabajar en equipo habrá que verlo, acaba de empezar y el Gobierno de coalición ha separado cuidadosamente las áreas de cada uno (cuando preguntas por un tema te dicen, " ese es un tema que llevan los del PP o que llevan Ciudadanos…).

Hay quien piensa que una cierta lejanía del sector viene bien, para evitar la endogamia y caer en compromisos que no asumiría como te ocurre cuando tras la etapa política, "vuelves" y te la estarán guardando. Puede ser un ventaja, pero a mi juicio no tan grande como para compensar las carencias de no conocer el sector cuya gestión asumes.

Una posiblemente buena política metida a responsable cultural a capón. Eso es lo que creo que está pasando y por lo que, concluyo esta reflexión que ha tomado a Andrea Levy como excusa, pensando que no vale todo ni todos valen para todo, por más habilidades políticas que se tengan. La cultura no es una materia que gestiona cualquier persona culta. Hay que saber.

¡Qué bueno sería que la concejala dejase de “levytar”, priorizase y aterrizase en la gestión frente a la imagen y cuidase más a su equipo que a tanto periodista fichado para “colocarla”.

Como en otras tantas ocasiones, cuando el TC derogó la posibilidad de que los alcaldes nombraran a especialistas para llevar áreas de gobierno a "no concejales" (igual que el gobierno central puede nombrar como ministro de cultura a un "no diputado"), ahí quedó el intento y nadie ha reaccionado con alternativas. Urge hacerlo.

Aunque Manuela no provenía del sector de la cultura respetó escrupulosamente el código de buenas prácticas, mejoró enormemente la gestión de las subvenciones (por fin se pudieron pagar por adelantado), se creó el bono jóven, el “Ibi cultural”, y mil cosas más que sería muy largo y no toca en este artículo debatir ni comparar...
¡Cuánto me gustaría que a estas reflexiones bastante críticas no se contrapusiese el clásico "anda que vosotros"!¡Pues tampoco Carmena venía de la cultura!, ¡Menudo desastre vuestra gestión!, etc,etc... Pero no caerá esa breva.

Pobre cosa es tapar las vergüenzas propias levantando la ropa al vecino. Al menos espero que a quien no venga sesgado por la fidelidad partidista le valgan estas líneas.

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