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Ailanto, el invasor silencioso

martes 03 de diciembre de 2019, 22:51h

Se trata de una especie introducida con fines ornamental que es capaz de crecer en prácticamente cualquier lugar. Una plaga que puede ser muy difícil de erradicar

El ailanto está presente en el suroeste de la Comunidad de Madrid desde hace años. Aunque nos pueda pasar desapercibida, estamos ante una especie arbórea alóctona que se ha hecho un hueco entre la flora que habita en la comarca, para nuestra alarma, dado que se trata de una especie que no necesita un suelo de gran calidad para medrar y desplazar a las especies autóctonas. Es habitual encontrar el ailanto en las cunetas de nuestras carreteras, en terrenos baldíos e incluso en balcones y tejados de casas abandonadas.

La solución a este grave problema medioambiental no pasa por que cada ayuntamiento plante batalla por su cuenta a este árbol invasor originario de China e introducido en nuestro país con fines ornamentales. Es el momento de hacer piña, aunque sea la primera vez, para luchar de forma conjunta contra esta amenaza en forma de arbolito aparentemente inofensivo. En este sentido, de nada sirve que un ayuntamiento gaste miles y miles de euros en erradicar este árbol foráneo, si en el pueblo de al lado no se hace nada al respecto.

Y es que, los esfuerzos de aquellas administraciones locales concienciadas con la cuestión, que no son muchas por desgracia, se ven irremediablemente abocados al fracaso más estrepitoso pues la recolonización por parte del ailanto, simplemente desde otros lugares limítrofes, sólo depende de si el viento lleva o no sus semillas. Por esto mismo, es necesaria una acción conjunta en la que se involucren todos los municipios de la comarca en los que se haya detectado la presencia del ailanto para, con las mismas herramientas y al mismo tiempo, se ponga freno a la expansión de esta especie vegetal que figura, por méritos propios, en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras.

En este sentido, la Comunidad de Madrid es la administración pública llamada a coordinar ese esfuerzo que, lógicamente, no sólo se deber restringir al suroeste de la región ya que estamos ante un problema que se extiende a toda la comunidad autónoma. Pero cuidado, los métodos de eliminación y control del ailanto nunca pueden consistir en ‘empapar’ los lugares en los que crezca el invasor con litros y litros de herbicidas, como se hace por ejemplo en cientos de kilómetros de cunetas de la red viaria regional. No se matan moscas a cañonazos, ni a costa, precisamente, de la flora que se pretende salvar. Aunque parezca mentira, se siguen utilizando técnicas como esta contra, por ejemplo, las plagas de la oruga procesionaria, a pesar de las protestas de infinidad de organizaciones conservacionistas.

No siempre la solución más rápida es la mejor y en las cuestiones relacionadas con el medio ambiente se debe previamente buscar las opciones menos agresivas con el entorno. Ahora bien, tampoco se deben demorar las acciones si queremos atajar el problema antes de que sea una guerra perdida de antemano; antes de que el ailanto haya colonizado nuestra comarca sin posibilidad de revertir la situación. Justo lo que va camino de suceder en Cataluña y Comunidad Valenciana. Dice el refrán que cuando veas las barbas de tu vecino cortar pongas las tuyas a remojar. Lo peor que puede suceder es que, dentro de unos años, lleguemos a pensar que el ailanto es un árbol autóctono.

Jonathan Gil Muñoz
Director de El Guadarramista

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