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Plaza Mayor, menos utopías y más imaginación

jueves 17 de octubre de 2019, 18:11h

Hubo un tiempo en el que la Plaza Mayor de Madrid tuvo árboles, a cuya sombra se refugiaban los transeúntes del severo sol del verano madrileño. Hubo un tiempo en el que la Plaza Mayor, tuvo cabecera de tranvías, su estación de llegada y salida de aquellos cacharros eléctrico con precedencia o destino a los Carabancheles. Hubo un tiempo en el que la Plaza Mayor fue escenario de corridas de toros y otros actos multitudinarios.

Cualquier tiempo pasado pudo ser mejor, pero no puede volver. Dejó de tener árboles cuando se construyó el aparcamiento subterráneo, y eso impide ahora que se reconsidere la idea de que vuelva a ser un espacio arbolado, porque las plantaciones no podrían enraizar sin asomarse a lo que hay debajo: un parking der vehículos. Tampoco volverá a ser cabecera de línea de tranvías, porque estos ya no existen, ni siquiera de autobuses, porque la plaza es peatonal. Ni mucho menos volver a servir de coso taurino, porque este tipo de festejos desaparecieron de la Plaza Mayor cuando, a finales del siglo XIX, se e instaló en el centro de la misma la estatua ecuestre del fundador de esta Plaza, Felipe III, ubicación que se hizo por iniciativa del cronista Mesonero Romanos y con el beneplácito de la reina Isabel II.

La Plaza Mayor no puede volver a ser un zoco, un mercado al aire libre de productos perecederos, como lo fue en sus orígenes, pero sí puede recuperar parte del esplendor que tuvo en la historia de Madrid, después de haberse cumplido el 400 aniversario de su construcción, y sobre todo la atracción turística. En este marco inigualable de la Villa y Corte, se han llevado a cabo muchas rehabilitaciones urbanísticas y arquitectónicas, pero no se ha conseguido detener el deterioro social en el que ha caído, convirtiéndose en un dormitorio al aire libre, todas las noches, de indigentes, mendigos y menesterosos, y por el día, en un comedor colectivo, donde se come, se bebe, se amontonan enseres, se acumulan residuos, heces, orines y otros desperdicios. Hay que dejarse de ideas utópicas como plantar árboles en un espacio socavado que lo hace imposible, y ponerse manos a las obras para resolver el grave problema social y humano que tiene la principal plaza de la Villa y Corte.

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