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El ego tóxico

sábado 29 de junio de 2019, 19:25h

En la política española, los partidos emergentes suelen tener fecha de caducidad. Mientras se encuentran en estado de progresión, todo va miel sobre hojuelas, o al menos eso tratan de aparentar, y si hay disensiones internas, se disimulan en aras a conseguir los objetivos marcados. Los problemas aparecen cuando el rumbo, la situación, empieza a cambiar por mor de los reveses electorales. Entonces, los discrepantes salen de su silencio abacial, plantean cambios de estrategias y de líderes y, a partir de ese momento, se inicia el principio del fin.

UCD llegó a gobernar en España. En una de las muchas, largas y sustanciosas conversaciones que tuve con mi entrañable amigo Agustín Rodríguez Sahagún, éste me definía en pocas palabras el motivo que acabó con el partido de Adolfo Suárez: “Llegó un momento en el que muchos querían ser presidentes del Gobierno, lo cual es lícito y legítimo; el problema empezó a ser irresoluble cuando todos querían ser presidentes al mismo tiempo”. Suárez dejó UCD, y para darle la puntilla fundó otro partido: el CDS, que fue efímero y no tardó en desaparecer.

UPD saltó a la arena de la política española con fuerza y posibilidades de futuro. Pero, tras los primeros años de ser clara alternativa de centro, en el partido de Rosa Díez empezaron las discrepancias internas, las luchas intestinas por hacerse con la dirección, para cambiar de dirección del partido. Se fue Rosa, y aquello se convirtió en un vergel sólo de espinas. Unión Progreso y Democracia, acabó prácticamente desapareciendo de la órbita de la política española.

¿Estamos ahora ante una situación parecida con Podemos y Ciudadanos?

El partido nacido del 15-M, empezó a ser cuestionado por algunos de sus fundadores: Carolina Bescansa, Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón y otros de menos rango mediático. Cuando, electoralmente, las cosas no han ido bien, Pablo Iglesias ha sido colocado en el punto de mira. Podemos se desmorona y su delicada situación, después de los comicios generales y municipales, sólo se puede recomponer si el macho alfa consigue entrar en el Consejo de Ministros de Pedro Sánchez. De no ser así, este partido de izquierda radical puede morir por su éxito inicial y la actual crisis que está viviendo.

En el caso de Ciudadanos, la necesidad de sobrevivir como alternativa y aspirar al máximo le ha obligado a pactos “contra natura”, a cesiones necesarias que ponen en peligro su espíritu fundacional e ideológico. Albert Rivera ya ha visto cómo le crecen las disensiones internas, las discrepancias, las fugas y las amenazas.

Y es que, en el fondo, como ocurriera en UCD, hay muchos que tienen la aspiración legítima de dirigir sus formaciones, pero todos quieren hacerlo al mismo tiempo. Creo que hay en todos ellos una dosis excesiva de ego tóxico.

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