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20-J y refugio: también España huyó en patera

jueves 20 de junio de 2019, 08:03h

Ciertamente a veces nos desbordan los “días internacionales”, llegando alguno de ellos a resultar un tanto surrealistas. Pero otros, es cierto que hay que aprovecharlos para sensibilizar y visibilizar situaciones extremas, inmorales e injustas. Tal es el caso de hoy, 20 de junio y, por lo tanto, Día Internacional de las personas refugiadas tal como declaró en 2001 la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El internacionalismo es, debe ser, la esencia del sindicalismo de clase, por eso desde las Comisiones Obreras vivimos como propia la tragedia de las personas refugiadas, más allá de aparentes contradicciones en las que podamos caer y para la que es imprescindible la pedagogía. Es necesario concienciar, sembrar la hegemonía cultural de la que hablaba Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano y cuyo concepto recientemente retoma el economista Bruno Estrada, en su “Revolución tranquila”.

En España, la ausencia de una clara explicación de nuestra reciente historia ha hecho que nos olvidemos, incluso desconozcamos, las oleadas de refugiados provocadas tras la Guerra Civil, contabilizados en alrededor de 500.000. Precisamente en estos días rememoramos el 80 aniversario de la travesía del Sinaia, el primer “barco de la vida” que partió rumbo a México con 1.500 refugiados de los 25.000 que acogió aquel país.

También tras la Guerra Civil algunos países latinoamericanos como Venezuela detuvieron la inmigración de españoles por motivos políticos lo que dio origen a una emigración clandestina desde Canarias hacia Venezuela que alcanzó entre 1948 a 1951 la cifra de 1.933 personas (1.890 hombres, 44 mujeres y 11 niños), que viajaron en 62 embarcaciones de vela de pequeño tamaño. O sea, lo que hoy venimos llamando pateras, pero de más largo recorrido, tal como narraba un artículo de El Mundo hace un año, firmado por Luis de la Cal.

Al medio millón de personas que escaparon de la España franquista, del terror, de los fusilamientos, de la persecución y las depuraciones, hay que añadir las oleadas de emigrantes (exteriores e interiores) de años posteriores que hicieron del desarraigo su forma de vida para poder comer, para sobrevivir.

Es decir, en España y su capital, maltratada especialmente por resistir durante tres años al monstruo del golpismo franquista, deberíamos tener una especial sensibilidad con el asunto del refugio.

Hace cuatro años el Pleno del Ayuntamiento de Madrid adoptó por unanimidad una declaración institucional ante el sufrimiento de las personas que huyen de la violencia, persecución y vulneración de los derechos humanos. Lo aprobaron tras la escalada del conflicto en Siria y otras áreas del planeta que provocaron los desplazamientos forzosos masivos de personas refugiadas. Generando una emergencia humanitaria en las fronteras europeas, donde miles de personas migrantes y refugiadas estaban perdiendo su vida y su derecho a buscar protección internacional.

Dos años después, la situación de desprotección para los refugiados no desapareció. Por ello, la Plataforma Refugio por Derecho Madrid con el objetivo de proponer soluciones y acciones organizó el primer encuentro de municipios madrileños comprometidos con el refugio que se celebró en Madrid al que acudieron una veintena de ayuntamientos madrileños.

Organizaciones sociales del ámbito del refugio, partidos políticos y sindicatos exigíamos el respeto por los derechos humanos de todas las personas, sean migrantes, apátridas o refugiadas, y reclamábamos el cumplimiento de la legalidad vigente en materia de refugio y asilo, así como la inaplazable materialización de los compromisos adquiridos por el Gobierno de España en este ámbito.

En aquel acto los representantes municipales firmaron un documento con doce puntos clave, que sirvieron como base para la jornada de trabajo y el posterior debate denominado “Documento Base: el papel de los municipios en materia de refugio”. Este año insistiremos al nuevo alcalde de Madrid, aunque conociendo el instinto xenófobo (entre otras muchas fobias) de esa minoría neofranquista que marca el paso al PP y Ciudadanos, los augurios no son muy halagüeños. Para la derecha española no existe la ONU, ni las convenciones internacionales, ni nada que no vaya más allá de su mediocridad cortoplacista de intereses espurios.

En este 2019, además estamos conmemorando el 40 aniversario de la creación de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Nacida en nuestra recién estrenada democracia surgió impregnada del espíritu de consenso para velar por el cumplimiento de la Convención de Ginebra de 1951. Todos los sectores sociales y políticos de la época se implicaron en CEAR, con presidentes como Adolfo Suárez o Juan María Bandrés. No me imagino yo a los líderes de Vox o sus muletillas de la derecha emulando a Suárez en estas lides…

El papel de CEAR, hoy presidido por Carlos Berzosa y dirigida por Estrella Galán, no ha sido suficientemente reconocido, cuando jugó un papel fundamental en la promulgación de la primera ley de asilo político de España, en 1984. Además, ha sido calificada por ACNUR (la Agencia de la ONU para los Refugiados) como “entidad de referencia en España”.

Desde CEAR se criticaba recientemente que con 54.000 solicitudes de asilo en España, el porcentaje de resoluciones favorables descendió de un 35 % a un 24 %. Los datos que ofrece ACNUR, cuyo comité español está presidido por Matilde Fernández, son escalofriantes: en el mundo, 68,5 millones de personas se han visto obligadas a huir. De ellos hay diez millones de apátridas y 25,4 millones de refugiados, la mitad menores de 18 años.

Estas organizaciones, tan necesarias como en nuestro país es el MPDL, presidido por Francisca Sauquillo, realizan un complicadísimo trabajo práctico con personas refugiadas y además intentando visibilizar multitud de focos que aparecen y desaparecen de los medios de comunicación. Más allá del cercano conflicto de Siria, con 2,5 millones de refugiados, existe el casi millón de la minoría musulmana rohingya, que huyen de un genocidio que ha supuesto el asesinato de, al menos, 10.000 personas. Además, la ONU ha denunciado una violencia sexual organizada espeluznante. Colombia padece el desplazamiento de 7,7 millones de personas, por no olvidar las decenas de miles de saharauis que sobreviven gracias a la ayuda humanitaria internacional o los cinco millones de palestinos que huyen fundamentalmente a Jordania, Siria, Líbano y los territorios ocupados.

Desde CCOO de Madrid insistimos en que el trabajo debe fundamentarse realizarse en tres ejes: sensibilización de la sociedad, reclamar políticas públicas y alentar la participación ciudadana, incluida la movilización. El extremismo xenófobo que merodeaba por Europa ya está en España con su particular pestilencia nacionalcatólica y en Madrid con la complicidad de Ciudadanos y PP. La mejor medicina para combatir esa locura xenófoba es la solidaridad y la empatía.

Imaginemos que tenemos que salir con nuestras familias huyendo de bombas, que nos torturan, que perdemos hijos, hijas, familiares, cónyuges…, que tenemos que huir para salvar la vida y que si nos devuelven a nuestro país nos espera la pena de muerte. Hay pocas opciones. Los españoles lo hemos sufrido, lo conocemos bien. Hagamos que nuestro país sea un país de acogida, de solidaridad y de paz,

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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