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Yemen: cuatro años de guerra han provocado la mayor crisis de nuestra generación

martes 04 de junio de 2019, 09:31h
Hace justo un año, la ONU calificó la situación en Yemen como la crisis humanitaria más grave del mundo. La guerra entre el Gobierno y los rebeldes hutíes ha dejado al menos 230.000 muertos, de los que más de la mitad son niños. Hoy, ocho de cada diez ciudadanos dependen de la ayuda internacional para sobrevivir y la mitad padece riesgo de inanición.
Yemen: cuatro años de guerra han provocado la mayor crisis de nuestra generación
Pese a su letalidad, el conflicto de Yemen es uno de los más desconocidos. Hunde sus raíces en las profundas tensiones territoriales que sacuden este país, unificado en los 90. Sin embargo, su antecedente más remoto está en 2011. Al calor de las protestas de la primavera árabe, los manifestantes lograron aquel año la dimisión del presidente Ali Abdullah Saleh tras 33 años en el poder. Su sustituto, Abd Rabbu Mansour Hadi, ensayó una refundación del Estado redibujando sus fronteras internas, una propuesta que, tras meses de negociaciones, ocasionó un recrudecimiento del descontento popular. En este contexto, la oposición comenzó a organizarse y una facción (los hutíes, militarizados) se hizo con el control de parte del territorio hasta llegar a la capital, Saná. El presidente Hadi, reconocido como legítimo por la comunidad internacional, pidió ayuda bélica a varios países de su entorno para sofocar esa revuelta, lo que abrió el campo de batalla una pluralidad de actores e intereses. Una coalición liderada por Arabia Saudí y apoyada por Estados Unidos inició entonces una campaña de bombardeos y empezó a financiar milicias locales, recrudeciendo la violencia sobre el terreno.

La situación terminó de endiablarse en 2017. Los hutíes lograron atacar Riad, la capital saudita, un acto que tuvo como consecuencia el endurecimiento del bloqueo económico sobre Yemen. Hoy, la guerra está enquistada y ninguno de los contendientes ha logrado sus objetivos militares, al tiempo que han provocado un inmenso daño en la población. La ONU auspició el año pasado una ronda de contactos en Suecia que ha permitido la retirada de los rebeldes del puerto de Hodeida, estratégico para hacer llegar alimentos y medicinas a los civiles.

Los menores, las principales víctimas

La fragilidad de este alto el fuego no hace sino evidenciar las escalofriantes dimensiones de la catástrofe. En cifras, cada diez minutos muere un niño. 22 millones de personas (de los 28 con los que contaba el país en los primeros meses de la guerra) necesitan ayuda urgente, según las ONG. 17, directamente, no tienen alimentos básicos al alcance. Algunas naciones europeas han comenzado a movilizarse y a donar dinero. Acnur, por ejemplo, calcula que solo con un euro al día se puede nutrir a un menor para salvarle de la inanición. Países como España incentivan con amplias bonificaciones este tipo de contribuciones particulares. Sin embargo, las aportaciones recibidas son aún insuficientes.

La guerra golpea una economía especialmente pobre pero que, paradójicamente, ha dado muestras de solidaridad internacional. Los expertos recuerdan que Yemen fue en 2015 la única nación de la península arábiga que ha firmó acuerdos para proteger a los refugiados. Personas que huían de los conflictos en Somalia o Siria viven hoy de nuevo bajo las bombas y perseguidos por la hambruna. La ONU estima en 89.000 millones de dólares las pérdidas económicas hasta ahora y cree que la guerra, si continúa tres años más, podrá acabar con la vida de medio millón de seres humanos, devastando toda una nueva generación de yemeníes. Según las proyecciones de Naciones Unidas, a este ritmo, en 2030 habrá 1,8 millones de fallecidos, la inmensa mayoría, menores de 5 años. Frenar esa tragedia está hoy en manos de todos
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