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Uno de los relajados muletazos de Pablo Aguado al último toro de la tarde
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Uno de los relajados muletazos de Pablo Aguado al último toro de la tarde (Foto: Plaza1)

San Isidro: Pablo Aguado conquista la cátedra con su toreo de oro puro

sábado 18 de mayo de 2019, 23:12h
El toreo. La utopía de la pureza del toreo. La que te llena los sentidos y te hace salir de la plaza pegando muletazos al aire. Como tantos de los espectadores que, al término de una tarde de remate perfecto al final de la misma, intentaban repetir virtualmente calle Alcalá arriba y abajo la explosión mágica del toreo que acababa de festonear Pablo Aguado, ya ídolo de Madrid, ya conquistador con semejantes armas, con el tono acendrado y eterno de su faenón al último del festejo. Qué más da que fallara a espadas. Qué más dan en este caso los despojos orejeros. Qué más da. Aguado se sube al altar de los elegidos. También destacó Ginés Marín, que cortó una oreja, y en menor medida el jovencísimo Luis David Adame en un interesante encierro de Montalvo.

La explosión de torería la cascabeleó el sevillano, ileso de milagro tras feísima voltereta en su anterior bicorne, frente a ‘Tapado’, cuya muerte brindó a la concurrencia. Con máxima inspiración y creatividad desde los primeros compases, destacando un cambio de mano de auténtico lujo y uno de la firma que extendió por los tendidos la impresión de que se iba a asistir a un momento grande entre los grandes. Y Aguado, con arrobas de imaginación, fue pariendo inmarcesible belleza en varias series de redondos siempre templadísimos como parando el tiempo, siempre perfectos, siempre desmayados, siempre rematados con adornos surgidos más de su alma que de su cuerpo.

El incienso litúrgico que brotaba en el ambiente demudó en impresionante silencio de respeto y expectación cuando se echó la muleta a la izquierda para que aumentara el sonido de flauta mágica. Embebiendo al burel, con la flámula, ceñidísimo y sin una ventaja, obligándole imantado a su muñeca a viajar alrededor de su cintura de manera tan cadenciosa como elegante. El aleteo de mariposas de los naturales se repitió hasta en tres tandas de locura ya casi con el público en pie. En solo seis minutos, seis, había explicado la biblia de la tauromaquia con ortodoxia preñada de magia y pureza. Luego marró a espadas, pero daba igual: la cátedra estaba ardiendo de pasional toreo.

Aguado ya había apuntado sus utopías toreras descomunales en el tercero, que no se tragó los intentos de pureza ni con el capote, cuando arrolló al sevillano dañándole la rodilla derecha, ni con la pañosa, porque se lo echó a los lomos. Y con el que el triunfo fue salir ileso, aunque magullado, pasando a la enfermería. Es la otra faceta del sevillano, la del valor sin cuentos ni aspavientos en una faena y en la que ni los parones le inmutaron. A éste lo había recibido con una ramillete de excelsas verónicas. Aunque las mejores de la tarde, de la feria por ahora y ya veremos por cuánto tiempo, las dio en el quite al primer funo de Luis David.

Porque todas aceleraron los pulsos del cotarro, pero una de ellas, por el pitón izquierdo, quedó grabada 'per omnia saecula saeculorum’ en la mente de todos porque, amén de la magia de cante jondo, fue tan profunda como la mar océana donde reposa el arte y tan eterna como el toreo inmortal, el que tiene el privilegio de llevar impreso Pablo Aguado.

Sí echó una oreja de peso en su esportón Ginés Marín, que salió con una rabia de novillero antiguo en el que abrió plaza, andarín pero con fijeza, no con mucha casta pero sí con codicia suficiente para exigir una pañosa mandona. La que le mostró el extremeño con clasicismo por ambos lados, sobre todo en tandas de naturales citando de frente. Después, tras unas bernadinas valerosas y ajustadísimas, enterró el estoque hasta las péndolas y tuvo premio. Nada pudo hacer con el inválido cuarto.

No era faena de oreja por los altibajos y por la tendencia a citar fuera de cacho al principio de la misma Luis David a su primero, el mejor del encierro de boyante embestida, tras comenzarla de rodillas y con más ajuste. Después el mexicano se corrigió y, ya cruzado y en el sitio se lució al natural y en un final entre los pitones antes de una meritoria estocada recibiendo que hizo aflorar los pañuelos en demanda de trofeo que el usía no concedió. Todo ello sin olvidar su buen manejo del capote para llevar al bicho al caballo -donde se lució Óscar Bernal- de frente por detrás y en unas vistosas zapopinas posteriores

Con el quinto volvió al toreo a distancia, dio muchos pases y aburrió a su enemigo y a un público que momentos después se subiría a la gloria gracias al faenón de Aguado. Loor al coleta. Loor al toreo puro.

FICHA

Cinco toros de MONTALVO, con trapío, muy bien armados y astifinos; cumplidores en los caballos, manejables y justos de fuerza; 4º, muy flojo. 3º, sobrero de LUIS ALGARRA, en sustitución de uno del hierro titular devuelto por inválido, bien presentado y noble aunque descastado. GINÉS MARÍN: oreja tras aviso; silencio tras aviso. LUIS DAVID. vuelta; silencio. PABLO AGUADO: silencio; gran ovación tras aviso. Plaza de Las Ventas, 18 de mayo, 5ª de Feria. Casi lleno. Enfermería: Pablo Aguado fue atendido de contusiones en región frontal izquierda y en el primer dedo de la mano derecha, puntazo corrido en glúteo derecho y esguince de ligamento en la rodilla derecha. Pronóstico leve.

CRÓNICA DEL FESTEJO ANTERIOR

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