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El dilema madrileño de Ciudadanos

viernes 12 de abril de 2019, 08:24h

Rivera ha tirado por la borda los argumentos fundacionales del partido que dirige. En su día se pasó de la socialdemocracia al liberalismo y ahora peregrina del centro a la derecha. Este zascandil de la política no para quieto en parte alguna de su andadura y cambia a cada paso el norte por el sur y el este por el oeste. Camina por la coyuntura dando tumbos y terminará por desorientar a sus votantes y seguidores.

Rivera solo quiere cambiar cromos con Casado y desprecia las ofertas de la izquierda moderada. Espera que los populares lo embarquen en su nave fantasma, tripulada por los herederos legítimos José María Aznar y los escindidos del Partido Popular por su extrema derecha. Aunque Rivera haya dejado algún margen de libertad a sus agrupaciones regionales, su pupilo en Madrid se manifiesta más papista que nadie. Aguado se equivoca.

A lo largo de esta legislatura, moribunda ya, Ciudadanos ha sustentado el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Hace cuatro años, con los resultados de las elecciones sobre la mesa, Aguado acordó con Cristina Cifuentes un paquete de actuaciones que aseguraba la centralidad del ejecutivo y la estabilidad de la institución. Cifuentes encabezaba entonces, como ustedes saben, la lista más votada por los madrileños y Ciudadanos respetó esa legitimidad tradicional.

Nada de aquello, según parece, vale ya. Ciudadanos abandona la equidistancia entre la derecha y la izquierda y se presenta como socio prioritario del Partido Popular. Anuncia también que no secundará la alternativa que presenta el PSOE, aunque Ángel Gabilondo gane con mayoría relativa los comicios autonómicos en Madrid. Aguado acata así, como discípulo bien mandado de Rivera, las consignas del jefe. Se equivoca.

El PP de Casado no es el Partido Popular de Rajoy y los populares elegidos por Isabel Díaz nada tienen que ver con aquellos que acompañaron tiempo atrás a la dimitida Cifuentes. Aquel Partido Popular de centro derecha ya no existe. En los días que corren manda la señora Isabel Díaz, abanderada de Pablo Casado, situada en las lindes del conservadurismo extremo, experta en desdecirse de las muchas barbaridades que se le ocurren, sin más trayectoria que su fidelidad y lealtad al dedazo que le ha puesto donde está.

Aguado se tendrá que entender con ella y ambos deberán aliarse con el grupo de extrema derecha que se siente en la Asamblea de Madrid. Aquí no caben paños calientes como los aplicados en Andalucía, ni maniobras increíbles de despiste, ni disimulos impostados, Vox exigirá en Madrid un ejecutivo tripartito de carne y hueso. Aguado debería saber, por último, que buena parte de los indecisos de Madrid no saben todavía si votarán a Ciudadanos o votarán al PSOE. Son electores de centro izquierda. A tal dilema se enfrenta Ciudadanos.

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