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Tratamientos de otoño en cereal: una cuestión de selección

miércoles 07 de noviembre de 2018, 14:56h

La obtención de mejores o peores rendimientos en cereal depende de un amplio abanico de variables: la disponibilidad de agua y nutrientes en cantidad suficiente por parte de la planta, el potencial de la propia semilla, la meteorología durante el ciclo de cultivo, las plagas y enfermedades... y como no, la incidencia de las malas hierbas.

Tratamientos de otoño en cereal: una cuestión de selección
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La cuantificación de este último factor en la pérdida de rendimientos no deja de ser una tarea harto complicada: “Depende mucho del periodo durante el cual ha competido la mala hierba, de cómo se ha establecido el cultivo, de qué cantidad de mala hierba hay... desde el punto de vista económico, el uso de herbicidas suele estar justificado. Ahora bien, si hago una rotación, un retraso de siembra o un control mecánico y me quedan cuatro hierbas... puede que no. También depende de la producción esperada”.

Son palabras de Andreu Taberner, profesor de la Universidad de Lleida y Coordinador del Comité para la Prevención de Resistencias a herbicidas de la Sociedad Española de Malherbología (SEMh) que viene a confirmar que en la agricultura 2+2 no siempre son 4.

El episodio de lluvias acaecido durante la segunda semana de octubre ha supuesto el caldo de cultivo perfecto para la emergencia de las primeras malas hierbas de la campaña. Precisamente la aparición de la lluvia supone un momento crucial a la hora de realizar este tipo de tratamientos: “Si las lluvias llegan antes de la sementera, los tratamientos facilitarán las cosas a los agricultores, por lo que puede presentarse un mejor año de cara al control de las malas hierbas. En el caso de los herbicidas de preemergencia, es especialmente interesante que tú lo apliques y, a continuación, llueva”, destaca el profesor Taberner desde Lleida. “Los herbicidas de preemergencia son útiles porque eliminan la competencia desde el inicio, por lo tanto, favorecen el control de la mala hierba. Tienen el inconveniente de que es a ciegas, esto es, que no sabemos si va a haber hierba o no, qué climatología vamos a tener... Eso sí, en el caso de que hubiese problemas de resistencias, básicamente de vallico, son los herbicidas que presentan la mejor solución”, añade.

Tratamientos habidos y por haber

Precisamente el vallico está mostrando resistencias desde Madrid hacia el norte de la península. Un ejemplo lo tenemos en la cuenca de Pamplona, la zona de Tudela y la Rioja Alta donde esta mala hierba mantiene el alerta a los agricultores y hace que los tratamientos en preemergencia estén a la orden del día: “Los tratamientos en preemergencia son cada vez más habituales. Como entres tarde, no hay quien lo controle. Por aquí tenemos zonas de vallico, avena loca y alopecorus o cola de zorro. Sobre todo preocupa el vallico”, destaca Jesús Lizaso, director de repuestos del Grupo Cooperativo AN. “Con las dosis y los productos que hay en el mercado, el agricultor suele apostar por mezclas. Ahora se suele echar diflufenican mezclado con clortoluron o con flufenacet, así como prosulfocarb. Si fuera necesario, se repasa con herbicidas de contacto, ya en primavera", afirma.

Tierra de Campos es otra de las zonas donde los tratamientos en preemergencia son habituales, especialmente entre los agricultores profesionales y aquellos que cuentan con un mayor número de hectáreas: "Los que tienen mucha superficie de labranza sí que realizan los tratamientos en preemergencia. Quizás no al 100%, pero sí al 50-70% de sus explotaciones. Suelen utilizar prosulfocarb o diflufenican. En trigos, se usa el clortoluron para aquellos que son resistentes a esta materia activa", recalca Jesús Cantalejo, responsable del almacén de Villalpando de la Cooperativa Lesa, que advierte de algunas resistencias a la amapola en algunos puntos de Villanubla y de Tordesillas.

Esas resistencias no han llegado aún al radio de acción de Fitoduero, en Valladolid. Su gerente, Ángel García afirma, no obstante, que poco a poco empieza a extenderse la práctica del tratamiento de otoño en cereal: “Tradicionalmente no se hacía porque el agricultor dedicaba el tiempo a otras labores como sacar remolacha. Tampoco tenemos una problemática grave con una mala hierba como pueda ser el vallico. No es una hierba muy común ni tampoco tenemos problema de resistencias. No obstante nosotros recomendamos hacer tratamientos en preemergencia para controlar hoja ancha siempre que se elija bien la parcela donde se va a hacer. El agricultor no encaja bien tratar en preemergencia para después tener que volver a tratar en postemergencia”.

400 kilómetros al sur, en Valdepeñas (Ciudad Real), el control de malas hierbas en preemergencia tampoco es una práctica extendida: “Esta es una zona deficitaria, ten en cuenta que la media de producción en años normales es de 1.500 kilos por hectárea. La gente únicamente suele hacer control mecánico antes de la siembra y observa si hay algo en postemergencia. Solo se utilizan herbicidas en casos muy concretos de problemática con malas hierbas. Es un apagafuegos”, destaca José Luis del Olmo, de Agrocereval. Existen, eso sí, parcelas próximas al Parque Natural de Despeñaperros que, con una mayor pluviometría, invitan a llevar a cabo esta técnica: “Cuando lo utilizas en un cultivo en el que sabes que vas a obtener buenos beneficios, a partir de 2.000/2.500 kg./ha, es recomendable”, concreta del Olmo.

En la comarca oscense de Los Monegros los tratamientos de otoño tampoco son habituales. Allí el agricultor suele esperar a ver la mala hierba para detectar cual es el problema. Sin embargo, los técnicos consideran esta técnica como interesante: “Lo es cuando conoces el histórico de la parcela y crees que atajar desde el principio el control de esas malas hierbas te puede ayudar. Si no sabes si va a tener o no va a tener problemas, no recomiendas hacer un tratamiento, algo que no deja de ser un gasto para el agricultor”, afirma Noelia Ríos, técnico de la cooperativa Los Monegros, en Sariñena. Allí preocupan especies como el bromus, el vallico y la avena loca por su abundancia, no por sus resistencias. “Aquí normalmente hacemos rotación de cultivos con los regadíos y se tiene conciencia de llevar a cabo ese control. También he de decir que las malas hierbas pueden llegar a producir una importante merma en el cultivo. En un regadío y con una infestación fuerte, si llegas tarde, entre 1.000 y 2.000 kilos te podría llegar a quitar. No es una cosa frecuente, porque nadie espera a tomar medidas años después de las primeras apariciones de la mala hierba”, concreta Noelia Ríos, que participa en la Red Fitosanitaria de Aragón, un proyecto para asegurar la sanidad vegetal de los cultivos de Aragón a partir de 355 puntos de seguimiento supervisados por las propias Agrupaciones para el Tratamiento Integrado en Agricultura.

En cualquiera de los casos, se recomienda alternar el método de control fitosanitario a partir de un control integrado variado, como es retraso de siembras, laboreos, rotaciones y alternancia de mecanismos de acción de los herbicidas. Técnicas que, combinadas correctamente, suelen poner coto a esta problemática como es la solución que ofrece ADAMA, abarcando casi todo el ciclo del cereal.

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