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El becario

lunes 16 de julio de 2018, 17:06h
Un sábado cualquiera me dirijo a cumplir con mi obligación de pasar la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) en la fecha señalada. Debe de ser un negocio rentable porque el primer lugar al que acudí estaba atestado de coches esperando lo mismo que yo. Decidí buscar otro centro que hiciese lo mismo y al no ver filas de automóviles esperando pasar su revisión, me puse en la cola y en pocos minutos fui atendido. Un joven se encargó del trabajo encomendado y para romper el hielo del desconocimiento me dirigí a él preguntando ¿qué tal todo? Su respuesta fue inmediata: “Bien, podía ser peor, pero no me quejo”.

Mientras hacía su tarea de revisar el estado de las luces, los frenos y demás funciones de obligado cumplimiento para que no me vea sorprendido por agentes policiales de uno u otro cuerpo dispuestos a multar al que no respeta las normas, se me ocurrió preguntar si estaba con contrato de trabajo y si éste era estable. Puso una expresión en la cara que me hizo saber que no estaba todo lo contento que se puede estar cuando se cuenta con un puesto de trabajo. Me contó que su contrato se renovaba cada año, que era becario y que tenía esperanzas de que le hiciesen pronto un contrato estable y fijo porque ya llevaba tres años en la misma situación. Me dejó bien claro que cobraba lo mismo que el primer día de becario y que su trabajo era el que hace un empleado del mismo sector, como pude comprobar. Fue muy educado y no me dijo que los empresarios aprovechan la figura del becario para tener un trabajador a pleno rendimiento con salario de aprendiz. Sus palabras no lo dijeron pero sus gestos y amabilidad cantaban más que un gallo al despertar. Desconocía que había becarios en otros ámbitos distintos a los medios de comunicación, pero conocer al becario de la ITV me hizo sentir malestar porque todo lo que sucede con el aprovechamiento de una figura inventada para que alguien que está a punto de terminar sus estudios adquiera experiencia que luego le abra la puerta del puesto de trabajo digno y decente, no es más que un sistema fácil, frágil y legal para sacar el máximo jugo de alguien que no denuncia porque “las cosas pueden ir peor”, es decir, quedarse sin el sueldo de becario y sin el empleo. Mi esperanza está en que el becario deje de serlo y cuente como un empleado más con sueldo digno y también en que a quien corresponda vigile que la ley se cumpla y que quien quiera obtener más beneficios de los estipulados, se encuentre con la reprimenda y sanción correspondiente de la Administración competente.
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