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Obra Ahora todo es noche, en teatro Español.
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Obra Ahora todo es noche, en teatro Español. (Foto: Antonio Castro)

Ahora todo es noche: mendigos con sueños

viernes 20 de abril de 2018, 19:09h

La Zaranda, la compañía jerezana que está cumpliendo cuarenta años, vuelve al teatro Español con Ahora todo es noche, un espectáculo extraordinario con el núcleo fundacional en estado de gracia.

Eusebio Calonge es el autor del texto. Sobre el escenario Francisco Sánchez, Enrique Bustos y Gaspar Campuzano. Dirige Paco el de la Zaranda, o sea, Francisco Sánchez. La historia de partida de este espectáculo no puede ser más desoladora: tres indigentes coinciden en una noche de tormenta buscando un refugio. Son tres desheredados, tres mendigos apartados por la sociedad con sendos fracasos personales. Pero son mendigos con sueños, aunque el principal de ellos sea sobrevivir. La Zaranda, que no nos ahorra ninguna penalidad de los protagonistas, acaba derivando hacia la tragicomedia, hacia el esperpento, provocando no pocas carcajadas con estas desgracias. El espectador siente inmediata simpatía por estos tres hombres que tienen como único patrimonio una maleta y una gran caja de cartón. Imperceptiblemente nos van llevando hacia el teatro dentro del teatro (lo que ahora se llama metateatro) y nos vemos ante un imaginario escenario en el que los tres se convierten en personajes. Como el teatro nunca muere ellos, convertidos en personajes, lograrán sobrevivir.

Ahora todo es noche es una lección magistral de teatro que aconsejaría ver a todos que hablan, teorizan e investigan sobre ‘artes vivas’. Lo que hace La Zaranda aquí trasciende toda experimentación hasta convertirse en un depurado manual escénico. Y despliegan toda su sabiduría con una economía de medios extraordinaria que, gracias a su talento, parece que conforman una compleja escenografía. Y solo son dos carritos de supermercado, tres cubos de basura, una camilla y un montón de peluches. Con esos mimbres nos meten en las cloacas de una gran ciudad, en un inhóspito descampado o en el palacio del Rey Lear. Hay algunos momentos especialmente brillantes como la ruta por las cloacas y el juego de las corbatas en el que se ríen de todas las corrientes y teorías dramáticas.

Por encima de todo el aparato está el trabajo de los tres actores. Supongo que se conocen tan bien, han estado tantos cientos de veces juntos sobre el escenario, que su compenetración es total. En esta ocasión podrían correr el riesgo de la exageración, del trazo grueso, pero en ningún momento traspasan esa línea. Como guiño a su trabajo actoral tienen un par de momentos de distanciamiento brechtiano para demostrar cómo se entra y se sale de un personaje. No añaden nada especial al desarrollo de la historia por lo que creo que es una pirueta interpretativa.

La última escena es un remedo de el Rey Lear y el final es de una sencillez y belleza sobrecogedora. Tras el oscuro, los tres actores aparecen fugazmente inmóviles en la escena mientras el público les aclama. Pero no salen a saludar a pesar de la estruendosa ovación. Para La Zaranda, la misa ha terminado.

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