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Recuperar el Carnaval

Por Pedro Montoliú
miércoles 14 de febrero de 2018, 12:24h

Es una lástima, pero apenas nos hemos enterado de que Madrid ha estado en Carnaval. Sí lo habrá vivido una parte de los vecinos de Puente de Vallecas-Retiro, pero el resto de los madrileños hemos sabido que estábamos en Carnaval por las chirigotas de Cádiz, los desfiles de Tenerife y los cigarrones de Verín que veíamos en la televisión.

Aunque no se crea, Madrid, como sede de la Corte, estuvo varios siglos a la cabeza de las poblaciones españolas a la hora de celebrar este combate entre don Carnal y doña Cuaresma. Y en el siglo XVI a pesar de las prohibiciones de Carlos I para usar máscaras o las de Felipe II, Felipe V y Fernando VI en contra de las caretas. En el XVII toda la Corte se disfrazaba, incluso con ropajes de cardenales y obispos, y, a partir del reinado de Carlos III, los bailes de carnaval de los nobles llenaron los teatros principales mientras el resto de los madrileños, también disfrazados, ocupaban el paseo del Prado y manteaban al pelele. Los bailes de máscaras se extendieron en el siglo XIX organizados por un sinfín de sociedades de forma que este tipo de actos se popularizó hasta el punto de que, en 1861, se organizaron bailes de máscaras en la mayoría de las 843 sociedades que había en Madrid. Mientras, las mojigangas recorrían las calles gastando bromas a los transeúntes despistados y miles de personas desfilaban por los paseos del Prado y Recoletos para más tarde hacerlo por la Castellana, antes de bajar a cenar a la pradera del Canal junto al rio Manzanares.

Tras los cuarenta años de interrupción impuesta por el franquismo, en 1980 el Carnaval de Madrid volvió a celebrarse. A pesar de que muchos madrileños no guardaban ningún recuerdo de esta tradición cogieron con ganas la costumbre de disfrazarse y desfilar por el paseo de la Castellana y luego reunirse en los bailes de máscaras que organizaban varios locales, entre los que destacaba y sigue haciéndolo el Círculo de Bellas Artes.

El desfile cambió de itinerario para recorrer desde la puerta del Retiro hasta Colón, a través de Alcalá, Cibeles y Recoletos pero el cambio no restó protagonismo al acto al que siguieron acudiendo miles de personas. Hasta que hace tres años, con el cambio de gobierno municipal, se decidió descentralizar este acto y celebrarlo en los distritos.

En 2016 el escenario fue Tetuán y el año pasado San Blas-Canillejas. Este año se ha llevado a Puente de Vallecas-Retiro donde, según el propio Ayuntamiento, participaron unas 3.000 personas en el desfile que recorrió la avenida de Buenos Aires, la de la Albufera y la de Ciudad de Barcelona, lo que supone un descenso en el número de participantes de hace unos años.

Soy un firme partidario de descentralizar cuanto sea posible, pero también creo si no queremos que las escasas fiestas que aún perduran en nuestra ciudad desaparezcan de la memoria colectiva debemos llevarlas al espacio más visible que son sus plazas y ejes principales, como hacen otras ciudades y se ha hecho tradicionalmente en Madrid, lo que no impide, como ya ocurre con la cabalgata de Reyes, que los distritos celebren sus propios carnavales. A ver si así volvemos a situar nuestras fiestas en el mapa y, sobre todo, en el patrimonio inmaterial de nuestra ciudad.

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