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Un cojo cabronazo

miércoles 10 de enero de 2018, 19:45h

Tengo un muy buen amigo que se dedica a escribir y, según dicen algunos de sus compañeros de profesión, no se corta un pelo a la hora de pronunciarse sobre los temas de los que hablan los que dan ruedas de prensa, es decir, los políticos, que son los que le consideran un cabronazo. Él piensa, unos dicen que bien y otros que no tan bien, además de redactar lo que dicen los que hablan desde sus púlpitos o pulpitos, porque a veces sacan todos sus brazos para recoger todo tipo de cuestiones y abrazarlas hasta derretirlas y convertirlas en asuntos que nada tienen que ver con la pregunta en cuestión. Y también camina, no como todo el mundo, a su manera, como cualquier cojo. Él llama a los que están como él, destrozados, porque algún destrozo padecen, aunque sabe que no es correcto políticamente porque han pasado de ser lisiados, hace mucho tiempo, a paralíticos, también tiempos atrás, luego discapacitados y ahora diversos funcionales. Mi amigo dice que le es indiferente cómo le llamen porque lo que desea es que la accesibilidad sea real y no discursiva y tener las mismas oportunidades de los llamados válidos. No quiere trato diferencial pero sí las mismas posibilidades que el resto de los humanos.

Esto que se entiende como principio teórico no se pone en práctica por aquellos que hacen las leyes de accesibilidad, ni en sus propias sedes. Por eso le consideran un cabronazo los que mandan en los partidos políticos, que se diferencian unos de otros por sus siglas y colores, al menos en estos asuntos. Este cabronazo ha sacado en más de una ocasión los colores a personajes como Esperanza Aguirre, Ignacio Aguado, Ramón Espinar o Sara Hernández. Y últimamente a José Manuel Franco. Les ha puesto colorados porque cuando le han citado a una rueda de prensa los de los partidos azul, rojo, morado o naranja ha sufrido lo indecible para entrar en algunos de sus actos porque sus sedes o lugar de convocatoria eran inaccesibles. Este cabronazo, que tiene buenos ‘koleguitas’ en esto de la prensa, recibe a veces la solidaridad de otros ‘plumillas’ como un tal Bañuelos, eso dice mi amigo, que se indigna por cosas impresentables y las convierte en noticia al denunciar las paradojas de la vida. Es decir, exigir a los demás lo que no tiene en su casa. Pensándolo bien, y si yo fuera uno de los que llama cabronazo a mi buen amigo, quizá haría lo mismo, porque la irreverencia ante los representantes del pueblo, así se llaman ellos, no se percibe bien por los que se consideran que son algo más que lo que son, ciudadanos dedicados temporalmente a resolver los problemas de los habitantes de una zona, también los de los cojos, que no son más que personas con andares sandungueros que defienden el derecho a la diferencia. La verdad es que no haría lo mismo porque conociendo a este cabronazo que tengo de amigo, lo mismo tiene razón en sus quejas y me deja en ridículo ante los demás.

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