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La trastienda de los municipios ricos

El economista de Cs, Luis Garicano, escribió recientemente un artículo en el que realizaba una analogía entre la crisis catalana y la situación que podría darse si los vecinos de Pozuelo reivindicaran su independencia respecto de Carabanchel. Han querido representar la extraordinaria riqueza de algunos como una situación del conjunto de la sociedad. Este es el caso de los municipios del noroeste madrileño (Pozuelo de Alarcón, Boadilla del Monte, Majadahonda, Las Rozas, etc.) sobre los que se ha construido un mito que con cierta irresponsabilidad es utilizado ocasionalmente tanto por derecha como por izquierda. Lo cierto es que no es la primera vez que alguien realiza una lectura parcial de los datos económicos y sociológicos de Pozuelo, para justificar una posición política. También lo han hecho El País y el ABC, otorgando a Pozuelo el título de “municipio más rico de España” a partir de un análisis basado exclusivamente en la renta media de sus habitantes y, por tanto, presentando una imagen altamente distorsionada. Sin embargo probablemente el que más ha llamado la atención ha sido un artículo publicado por El Mundo en el que se presentaba el centro comercial de alto standing “Zielo”, situado a las afueras de Pozuelo de Alarcón, y en concreto el exclusivo restaurante “Zielo de Urrechu”, como imágenes representativas del municipio madrileño, a pesar de que la mayor parte de los vecinos nunca accede a estos servicios. La cuestión que nos ocupa es concreta: ¿se puede hablar con rigor de la riqueza de un municipio sin tener en cuenta indicadores sobre la distribución la misma? ¿No sucede algo similar cuando se habla del PIB y suele omitirse el modo en que se distribuye la riqueza?

Si tomamos como referencia las declaraciones del IRPF de 2015, a primera vista, no solo resulta chocante la amplia diferencia existente entre Zahínos (Badajoz) con 10.177 euros de renta media y Pozuelo de Alarcón (Madrid) con 69.136 euros. La imagen que se desprende puede hacer pensar que, efectivamente, Pozuelo ha hecho los deberes y que debe ser un ejemplo a seguir por el resto. Sin embargo, aun sin quererlo, podemos estar incurriendo en un error al pasar por alto una circunstancia que algunos han querido arrinconar interesadamente y que no es otra que la alarmante desigualdad sobre la que se sostienen titulares como los descritos.

La media resulta una medida intuitiva que permite comparar en base a un mismo marco. Sin embargo, el hecho de ser el indicador estadístico más célebre no lo convierte necesariamente en el que mejor capacidad descriptiva tiene sobre la realidad, pues se ve muy influido y distorsionado por los casos extremos tanto inferiores como superiores. Esto quiere decir que, para el caso que nos ocupa, se podría tener el 95% una población con una renta media como la del resto del país (25.582 euros), pero si resulta que el 5% restante acumulan cantidades sustancialmente altas de renta, el indicador se vería sensiblemente desplazado hacia arriba.

El vaciamiento de lo que durante años fue la clase media y que estaba altamente representada en estos municipios, ha generado un escenario muy polarizado en cuyos extremos estarían los superricos que viven en zonas residenciales separadas y las bolsas de pobreza de los barrios históricos. De esta manera, con una clase media menguante, una clase superrica creciente y ciertas bolsas de pobreza, se generan las localidades más desiguales del país en las que se oculta sistemáticamente la realidad de las personas que no gozan del estatus hegemónico, que no mayoritario. Así, un número relativamente reducido de vecinos con rentas muy altas puede proyectar una imagen que no necesariamente sea la que se ajuste a la realidad del municipio, pues una media muy alta no implica que todos los habitantes perciban esos niveles de renta por igual. El estudio que llevó a cabo la fundación FEDEA en 2014, en relación a la renta y su distribución en distintos municipios del país entre los años 2004-2007, corrobora esta idea, situando a municipios como Pozuelo o Boadilla del Monte en posiciones donde tan solo el 1% de la población ya concentraba en torno al 22 por ciento de la renta total dichos municipios. Este es el motivo por el que el indicador de la renta media no sirve por sí solo para analizar el nivel de riqueza de estos municipios.

La manera en que suele medirse la desigualdad es a través del indicador conocido como Índice de Gini, que expresa la manera en que se encuentran distribuidas las rentas con un número entre 0 y 1, donde 0 implicaría una perfecta distribución de renta entre individuos y 1 que tan solo una persona acumularía toda la renta disponible. Así, en la línea de lo ya expresado, el estudio de FEDEA proporciona los Índices de Gini para las siguientes poblaciones: Pozuelo (0,58), Boadilla (0,52), Majadahonda (0,50), Las Rozas (0,52). Teniendo en cuenta que la media del conjunto del estado en 2008 era de 0,32 y de 0,35 en 2016, de acuerdo al INE, los datos de los municipios del noroeste madrileño no son precisamente alentadores (en el caso de Pozuelo este indicador evidencia un nivel de desigualdad equivalente al de Honduras). Por tanto, parece evidente que sin una lectura crítica del indicador de la renta media, es fácil alcanzar conclusiones sesgadas y poco representativas de la realidad.

Para valorar adecuadamente la realidad social de estos municipios probablemente habría que incluir otros factores tales como precio de la vivienda, los servicios públicos e infraestructuras disponibles o la distribución de la renta dentro del territorio municipal, entre géneros e incluso por edades. Ello alteraría sensiblemente los titulares que con tanto entusiasmo los gobiernos de estas ciudades celebran y quizás este sea uno de los motivos por los que, hasta la fecha, ninguno de ellos ha querido levantar el velo que interesadamente han fabricado sobre la realidad socioeconómica de sus municipios. Hablaríamos entonces de que varios municipios del noroeste madrileño están entre los 37 de todo el país considerados “oficialmente pobres en servicios sociales” por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales, o que el precio medio de la vivienda es en torno a un 7% más alto que en el resto de zonas de la Comunidad de Madrid superando en ocasiones en más de 1.000 €/m2 el precio medio del conjunto del país.

Una vez más se demuestra que no solo las cifras son importantes, sino también la manera en que estas se leen, así como la necesidad de conocer cómo están construidos los indicadores sociales con el objetivo de ser capaces de entender sus limitaciones y saber aplicarlos para las situaciones para las que mejor se ajustan. La estadística es una herramienta útil para conocer nuestras ciudades pero cuando esta se utiliza para justificar conclusiones preconcebidas se convierte en un arma peligrosa capaz de invisibilizar ciertas situaciones sociales hasta el punto de hacerlas inexistentes a los ojos de la opinión pública

Jorge Blanco es sociólogo y co-director de LogoKracia
Pablo G. Perpinyà es portavoz del Grupo Municipal Somos Pozuelo

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