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El sueldo de sus señorías y los demagogos

miércoles 25 de octubre de 2017, 18:36h

Era una mañana cualquiera de un otoño que más bien parece un verano que no se quiere ir. A eso de las doce de la mañana, en la sala de ruedas de las prensa posteriores a la reunión de la Junta de Portavoces de la Asamblea de Madrid, compareció en primer lugar Ignacio Aguado, líder parlamentario de Ciudadanos, y no dijo nada interesante desde su púlpito, un atril, distinto al que utilizan todos los portavoces menos la de Podemos, Lorena Ruiz-Huerta, que hace poco decidió bajar de la silla detrás de una mesa en la que al principio hablaban todos a los periodistas y situarse como Aguado en el atril de moda entre los chicos de moda en cada época. Al ser la última semana de octubre, declarada inhábil doce meses al año, poco había que decir porque el Pleno parlamentario más cercano es dentro de ocho días y el dirigente de Ciudadanos fue fiel a la realidad del Parlamento regional y no se excedió en sus palabras.

Luego compareció la líder de Podemos y, aunque tampoco dijo nada que interese a los vallecanos, que tienen en su barrio la sede del Legislativo, ni a los madrileños, levantó la liebre y adelantó que en ese mismo instante se estaba celebrando una reunión en la que estaba abordando la cuestión de la subida de sueldo de sus señorías, ya que es necesario cerrar en breve espacio de tiempo los Presupuestos de la Asamblea de Madrid para 2018. Explicó que está totalmente en contra de eliminar la congelación salarial vigente desde 2012, porque los diputados ganan suficiente y porque los de su partido quieren dar ejemplo y vivir como la gente, supongo que se refería a las miles de personas que ganan menos de 1.000 euros al mes y algunas, como mi madre, la mitad de ese salario. Además, señaló que ellos, los de Podemos, solo se llevan unos 2.000 euros porque el resto lo reparten entre el partido y ayudas a los más necesitados a través de subvenciones generosas a causas sociales y muy nobles. Eso está muy bien, pero es necesario recordar que a los contribuyentes les sale igual de caro o barato un diputado del PP o de Podemos y además cada uno con su sueldo hace lo que le viene en gana, ya sea ayudar a Cruz Roja, a combatir el hambre en el mundo o la violencia de género, sin necesidad de alardear de generoso y guay.

Dicen que la demagogia es una estrategia utilizada para conseguir el poder político que consiste en apelar a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del público para ganar apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la retórica, la desinformación, la agnotología y la propaganda política.

Después de la comparecencia de Lorena, vino la del popular Enrique Ossorio, quien aclaró que el programa electoral del PP incluía la congelación salarial de los cargos públicos durante toda la legislatura, y la del socialista Ángel Gabilondo, quien explicó su posición al respecto de este asunto. Dijo que los diputados deben considerarse trabajadores públicos y, por tanto, deben ser considerados a todos los niveles, también retributivos, como el resto de empleados de las administraciones públicas, es decir, que si se congela el sueldo, se sube o se baja, debe ser para todos lo mismo. En pocas palabras definió este asunto que tantas posibilidades tienen de ser abordado con demagogia. Si un diputado gana unos 3.000 euros al mes y la previsión de subida es del 1%, esto supone que podrían ganar unos 30 euros más. No parece aventurado decir que el abordaje de este tipo de temas suele caer del lado de la demagogia y si además todo es por 30 euros, parece claro que es demagogia barata.

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