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TAL DÍA COMO HOY

Imagen del Santísimo Cristo Yacente de EL Pardo, talla del siglo XVII de Gregorio Fernández.
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Imagen del Santísimo Cristo Yacente de EL Pardo, talla del siglo XVII de Gregorio Fernández. (Foto: MDO)

El día que el Cristo Yacente de El Pardo volvía a su morada

martes 03 de octubre de 2017, 13:28h
El 7 de octubre de 1939, el Cristo Yacente de El Pardo, volvía al Convento de los Padres Capuchinos tras la contienda de la Guerra Civil.

“Yace sobre un sudario, la cabeza y parte del tórax apoyadas en una almohada, los brazos separados del cuerpo, una mano abierta y otra cerrada. Está dispuesto para ser contemplado lateralmente; por eso tiene la cabeza inclinada hacia el lado derecho y la pierna derecha más levantada que la izquierda. Para que se aprecie mejor el desnudo, queda descubierta toda la parte derecha de la figura, reduciéndose el paño de pureza. El cuerpo está ordinariamente hinchado (…) la cabeza, aunque con un sentimiento de dulzura y misericordia impresos, tiene el indeleble sello de la muerte. Los cabellos (…) con todo esmero los ha peinado el escultor, extendiendo simétricamente algunas madejas por su almohada”.

La descripción de Juan José Martín González , sobre el Cristo Yacente de El Pardo, es uno de los mejores textos para poder entender la postura y forma de la escultura. La autoría de la obra corresponde a Gregorio Fernández, y está considerada como una de las obras maestras del autor.

No se conoce con exactitud la fecha de origen del Cristo, según la versión oficial, el rey Felipe III encargó la escultura en 1605 como agradecimiento por el nacimiento de su heredero (Felipe IV) en Viernes Santo en Valladolid, donde se encontraba la capital ebn la época. La escultura estuvo en un primer momento en la residencia real de la ciudad castellana, hasta 1606, año en el que se trasladó al Alcázar de Madrid, cuando esta recuperó la capitalidad.

Esta versión se puso en duda raíz de las investigaciones de Juan José Martín González, quien retrasa el origen de la talla a 1615. El historiador basa esta afirmación en un documento de 1614 encontrado en el Archivo de Simancas, en el que se informa de un encargo de "un Cristo para El Pardo".

Escondido para protegerlo

De lo que no dudan los historiadores es que en 1615, Felipe IV donó la escultura al Convento de los Padres Capuchinos, lugar dónde ha permanecido desde entonces, salvo en algunos intervalos de tiempo.

Por ejemplo, durante la Guerra de Independencia (1808-1814), el Cristo fue escondido de las tropas napoleónicas en la iglesia del Real Sitio del Buen Retiro. En 1850, se devolvió al convento.

Durante la Guerra Civil (1936-1939) volvió a ser ocultado en dos lugares. Su primera guarida fue el Palacio de El Pardo y la segunda el Museo del Prado, que lo acogió desde 1937 hasta el sábado 7 de octubre de 1939, fecha en la que el Cristo, regresó a su morada.

El cuarto de la serie

Gregorio Fernáncez talló, al menos, 15 Cristos Yacentes. Aunque no está del todo claro, se cree que el de El Pardo pudo ser el cuarto de la serie. Junto con el que se conserva en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, está considerado como el de mayor valor artístico.

En términos generales, todos responden al mismo modelo iconográfico, una figura tumbada sobre una sábana, recostada sobre uno o dos almohadones, con la cabeza girada hacia la derecha y una de las piernas sobresaliendo sobre la otra.

La disposición en la que está tallado el Cristo permitía que el rostro pudiera ser contemplado desde arriba, lo que solucionaba el problema de las esculturas en psoición decúbito supino.


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