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Rajoy y Puigdemont deben irse y dejarnos en paz

domingo 01 de octubre de 2017, 21:42h

Los fiscales José María Mena y Carlos Jiménez Villarejo incluyeron a Jordi Pujol en 1982 en la querella por la venta de Banca Catalana y el ‘molt honorable’ se envolvió en su bandera y dijo con un descaro bastante descarado que “cuando me atacan a mí, atacan a Cataluña”. Muchos años después, cuando saltó a las portadas el gran problema del 3%, adelantado ya en 2005 por el entonces mandatario de la Generalitat Pasqual Maragall al que era en esos años jefe de la oposición y líder de Convergència i Unió (CiU) Artur Mas.

Después, cuando la crisis estaba en sus mejores tiempos y Mas llevaba a cabo en Cataluña unos recortes de servicios sociales sólo similares a los que ponía en marcha en España Mariano Rajoy, Convergencia, que tuvo que cambiar de nombre para no ser reconocidos como los amantes de los recortes y la mangancia, se envolvió de nuevo en la bandera, como su padrino Pujol, y embarcó a más formaciones en la batalla por la independencia y buscó la complicidad de la ciudadanía, a la que hicieron creer que la salida de España era la solución de todos los problemas, sobre todo los de los que robaron a manos abiertas y dejaron a muchos catalanes sin servicios educativos, sanitarios y sociales que antes tenían. El enfrentamiento, anunciado desde hace mucho tiempo, se ha producido sin que nada hicieron para parar esta vorágine los presidentes de España, Mariano Rajoy, y Cataluña, Carles Puigdemont.

El líder catalán, que se pasó por el forro de sus perneras las leyes y burlaron a todos los que no opinan igual que ellos preparando a la remanguillé una ley que abría la puerta a la independencia, envió a la ciudadanía a un referéndum ilegal y sin garantías, y el mandatario español, que por su incapacidad o somnolencia confió todas sus soluciones a lo que dicen el Código Penal y el Tribunal Constitucional, envió a sus policías contra los catalanes que fueron a esa votación que no sirve para nada más que para generar enfrentamientos innecesarios, sangre gratuita y grietas sociales. Dicen los secesionistas que votar no es ilegal y que por eso hacen un referéndum, y alguno con cierta ironía contestó que follar tampoco es ilegal pero si se realiza con menores está penalizado. A Puigdemont le ha sobrado soberbia y prepotencia y a Rajoy que le ha faltado generosidad y sensibilidad. Podía haber evitado que hubiese heridos, pasando de llevar a los colegios a la policía, después de desmantelar parte del aparato logístico de los convocantes de un referéndum que sólo era una excusa para poner sobre la mesa la independencia unilateral, ya que daba igual el número de votantes porque no se podía contabilizar por falta de medios.

En fin, que si Rajoy y Puigdemont quieren hacer un último servicio a la ciudadanía, que se vayan a casa y nos dejen en paz para volver a recomponer este puzle y dejar atrás sus intereses particulares y partidistas.

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