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Los árboles se mueren en Madrid

miércoles 06 de septiembre de 2017, 08:15h

Recibí con alivio los aguaceros tormentosos que se precipitaron recientemente sobre Madrid. Aguas milagrosas que templaron los calores padecidos, refrescaron el aire, baldearon las calles y otorgaron una oportunidad de vida a los arbolitos replantados por el Ayuntamiento en la ciudad. Muy pocos han sobrevivido a la sequía del estío africano que nos llegó cuando agonizaba la primavera. El Consistorio repuebla cada año una parte de los alcorques vacíos y después abandona a los nuevos ejemplares trasplantados.

Cada temporada que pasa son más los huecos despoblados y menos los arboles renovados. Algunos de ellos, mal arraigados en tierra por los operarios encargados de hacerlo, se van inclinando hasta caer en el suelo. Aquellos que consiguen agarrarse a la pequeña parcela que les acoge, descuidados y desatendidos, sin riego alguno durante semanas y semanas, se van secando. Mueren sin remedio, convertidos en estacas desnudas y tristes. Son muy pocos, ya digo los que continúan vivos cuando llegan las primeras lluvias otoñales.

La desidia municipal es en este caso que denuncio, como en tantos otros, es tan evidente como desoladora. Desconozco el dinero que nos cuesta a los madrileños cultivar cada uno de esos arbolitos en los viveros de la Villa, acondicionarlos para su traslado a Madrid y replantarlos en alguna de nuestras calles, pero puedo asegurarles que buena parte de la inversión se pierde por los sumideros de la ineficacia y la desorganización. Cuando una parte muy importante de las plantaciones no prospera y se agosta en el suelo, no es de recibo asegurar que se cuida y se renueva el parque forestal y ornamental de Madrid.

La Alcaldía debería planificar las repoblaciones y ocuparse de ellas, pero la improvisación y la dejadez caracterizan a los regidores de Ahora Madrid. Los árboles más comunes, acacias o plátanos de sombra, castaños de indias o coníferas adornan nuestras aceras, sombrean el paseo de los vecinos, cobijan a las aves urbanas y aportan oxigeno suplementario al ambiente que respiramos. ¿Qué más se les puede pedir?

Madrid siempre presumió, doña Manuela Carmena, de ser una de las capitales europeas más arboladas. Mucho me temo que hayamos perdido alguna posición en ese comparativo. Cuando veo a los camiones cisterna de Medio Ambiente derramar el líquido elemento sobre las calzadas y los bordillos, me entran ganas de pararlo y pedir al conductor que riegue las aceras y los árboles. El Ayuntamiento dispone de una cartografía detallada que cataloga y enumera los árboles y arbustos que hay en Madrid. Tendría que actualizarla y comprobar cuántos de todos ellos han desaparecido.

Si funcionara la manguera municipal, doña Manuela, nuestros árboles lucirían más verdes y frondosos y el pavimento que todos pisamos, nosotros y usted, se limpiaría de la mugre miserable que lo ensucia. Inténtelo, señora Alcaldesa, muchos se lo agradeceríamos.

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