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Modales y dedales

lunes 03 de abril de 2017, 19:59h
En los últimos días se ha abierto un debate, absurdo y anodino, en la política española sobre los buenos o malos modales de algunos diputados de Podemos en una sesión parlamentaria. Pablo Iglesias aseguró, convencido de que Mariano Rajoy tiene ya los votos necesarios para aprobar los Presupuestos de 2017, que al presidente del PP "se la pela, se la bufa, se la refanfinfla" lo que digan los demás sobre las Cuentas del Estado. Algunos, demasiados acostumbrados a su propio traje de chaqueta y corbata, al comportamiento de todas sus señorías en público y a unas reglas sociales comúnmente admitidas, notaron como el suelo de este edificio se movía debajo de sus pies.

Este debate sobre modales sólo sirve para llenar páginas de periódicos y minutos de televisión, más atenta a este tipo de gestos a lo ‘épater le bourgeois’ que a la información sobre las cuestiones que más preocupan a los sectores más desfavorecidos. Fondo y forma compiten y van ganando las maneras. Todo cambia con los tiempos, y también los comportamientos sociales. Cabría preguntarse por qué los modales son asunto relevante en este momento político y por qué es necesario epatar para ser noticia.

Una de las respuestas puede estar en que estamos pasamos una etapa en la que dialogar es una estupidez cuando puedes descalificar o confundir. Eso te acerca más a los tuyos, de derecha, izquierda o de otra banda, y los otros te ven como un ogro peligroso que asusta a los adversarios. De memez en memez hasta la gilipollez definitiva.

Cuando algo se desgarra, el sentido común pide coser en vez de destruir. Y cuando tienes intención de coser, el mismo sentido común te pide ponerte un dedal en el dedo para evitar dejártelo agujereado cuando das puntadas sin hilo o sencillamente careces de experiencia en este tipo de tareas. Los modales de unos, y los de los otros, responden más a su necesidad de llamar la atención que a los gritos de guerra contra la llamada casta por los que ahora forman parte de ella, aunque con apariencias externas novedosas en el Congreso de los Diputados pero no en las calles, los bares y tabernas, con la única diferencia de que los unos usan sayos para esconder la ‘chuleta’ y ensayan para ser atracción y los otros, los demás, hablan y se comportan como les viene en gana y les pide el cuerpo porque hablan con colegas y no para ser vistos como noticia. En fin, que aprenden a coser con dedal o sus modales, a principio llamativos y epatantes, terminarán siendo asumidos por el sistema, que ha podido sin trauma ni drama pronunciar Podemos con el mismo arte que PSOE o PP.
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