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Se acabó la fiesta

domingo 11 de septiembre de 2016, 18:55h

El Debate sobre el Estado de la Región que se ha vivido esta semana en Madrid, primero de la presidenta Cristina Cifuentes, ha servido para poner en evidencia una realidad a la que debemos ir acostumbrándonos: se acabaron los tiempos de mayorías absolutas, de rodillos y de hacer lo que un partido consideraba oportuno sin tener necesidad ni, al final, intención alguna de consensuarlo con las demás fuerzas.

Es bueno un gobierno fuerte, qué duda cabe. Pero posiblemente sea aún mejor -sobre todo para los ciudadanos- un ejecutivo que día a día tiene que ganarse los apoyos que necesita para funcionar. Esto lleva en muchas ocasiones a verse en la obligación de escuchar a los opositores, de plantearse sus puntos de vista, sus objeciones ante determinados asuntos. Limar medidas, ahormarse a otros modos de pensar, tener que flexibilizar posturas, son todas ellas actitudes que sin duda enriquecen el debate político y muy posiblemente el resultado de este debate.

En Madrid, no nos está yendo mal con la fórmula, con un Gobierno que necesitó el apoyo de Ciudadanos, con quien firmó un pacto con casi un centenar de compromisos que ahora hay que cumplir, porque además los de la formación naranja no dan nada por sentado y no están dejándose comer ni un centímetro de terreno. Obviamente, esto le supone a los políticos populares mucho más trabajo, esfuerzo y necesidad de adaptarse a las circunstancias de las que han tenido que demostrar sus antecesores en las últimas dos décadas de mayorías absolutas. Pero es probable que, pese al esfuerzo y al sacrificio que les suponga, y a los sapos que les hagan tragarse sus obligados socios, al final el resultado sea más conveniente para quienes vivimos en Madrid.

Puede que las nuevas formaciones políticas hayan llegado para quedarse, a juzgar por sus resultados. Es posible que el bipartidismo, tal y como lo conocíamos, haya muerto sin que nos diéramos cuenta. Lo que parece claro, tanto si se mira a España como si el zoom se acerca al detalle de Madrid o de otros puntos de la geografía nacional donde los pactos marcan los gobiernos, es que los dirigentes de todos los partidos van a tener que repasar la conjugación del verbo acordar: “yo acuerdo, tú acuerdas… Nosotros acordamos”.

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