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Concha Velasco en 'Reina Juana'
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Concha Velasco en 'Reina Juana' (Foto: Sergio Toro)

‘Reina Juana’: clase magistral

lunes 09 de mayo de 2016, 08:43h

Estos días tenemos oportunidad de disfrutar en Madrid con dos monólogos que interpretan dos grandes actrices: ‘Cinco horas con Mario’ y ‘Reina Juana’. En el primero actúa Lola Herrera, con ochenta años, y en el segundo Concha Velasco, con setenta y seis. Dos trabajos recomendables para cualquier buen aficionado a la escena. Nos centramos en ‘Reina Juana’, la historia de la reina loca escrita por Ernesto Caballero y dirigida por Gerardo Vera.

Es, así a primera vista, un hermoso espectáculo, con una brillante escenografía y una iluminación magistral. La atmósfera claustrofóbica de la prisión de Tordesillas se alivia con unas proyecciones de fondo y una excelente ambientación musical. Caballero ha escrito un texto que sigue linealmente la historia de la desdichada hija de los Reyes Católicos a la que todos tenían mucho interés en tildar de loca. En la última noche de su vida hace una confesión general ante Francisco de Borja y va desvelándonos todas sus vivencias. Las de una mujer enamorada hasta el delirio, las de una reina a la que nadie quería ver en el trono, las de una madre separada de sus hijos a los que no conoce cuando, ya adultos, la visitan en su encierro.

Por encima de todo se encuentra la actriz. Entrevisté por primera vez a Concha Velasco en su camerino de La Comedia cuando interpretaba ‘Yo me bajo en la próxima ¿y usted?’ Hace de eso treinta y cinco años. Pero ella forma parte de la memoria de tres generaciones de españoles. Como suele decirse, la Velasco es como de la familia. Por eso cuenta con la simpatía generalizada. Y porque siempre ha demostrado su entrega al público. En producciones intrascendentes o en grandes historias, su trabajo ha sido incuestionable.

Ahora se hace la dueña absoluta de la escena y despliega todos sus recursos, que son muchos. Su dicción sigue siendo impecable, el manejo de la voz, perfecto, así como la colocación en escena y graduación de tonos. Un personaje como este, una reina loca, podría provocar la tentación del desmadre, de la exageración. Concha no cae en nada de eso en ningún momento. Seguramente Gerardo Vera habrá contribuido a ese ejercicio de contención, a la interiorización de los enormes dramas de Juana. La actriz sabe mostrarnos alternativamente a la reina, a la mujer, a la esposa apasionada o la amante enloquecida. Y es magistral la última escena, la confesión definitiva. Hace un montón de años un grande –Rodero- me dijo que los buenos intérpretes saben que las escenas importantes hay que hacerlas por lo bajo, sin aparatosidad. Bajar la voz, susurrar en los momentos intensos, logra captar la atención del público, que recibe mejor los sentimientos de un texto que si se gritara o dotara de grandes aspavientos. Concha Velasco, en los minutos finales, está en esa línea de intensidad dramática. Y cuando se hace el oscuro el público se pone en pie y aclama interminablemente a la actriz, convencido, seguramente, de haber presenciado la clase magistral de una grande a la que conocemos de toda la vida.

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