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T.D.A.H

jueves 03 de marzo de 2016, 10:22h

Empecemos por una buena noticia, solo el 20 por ciento de los niños con TDAH diagnosticados y tratados de forma adecuada requieren tratamiento de adultos.

Son un 7 por ciento de los menores de 18 años, los que están afectados por hiperactividad, impulsividad y dificultades de atención. Estos niños tienden más a la desobediencia, a seguir menos las instrucciones, a sufrir más despistes.

Este trastorno genético, requiere trabajar con los niños, la planificación, la memoria (verbal y auditiva). El control externo debe ser coherente y cálido, buscando el desarrollo cerebral de estos niños.

Los padres deben saber autocontrolarse (y téngase presente que algunos progenitores sufren este trastorno). Deben saber ignorar conductas irrelevantes, reforzar y estimular de forma positiva.

Evitemos los excesivos castigos, pero también que el “etiquetaje” encubra conductas inadmisibles.

Los niños son más propensos que las niñas a sufrir TDAH (proporción 4 a 1).

La implicación en hechos tipificados como delitos o faltas en los adultos diagnosticados es de un 30 por ciento.

El 50 por ciento aproximadamente presentan un T.O.D. (trastorno oposicionista desafiante) y ese mismo porcentaje de trastorno de conducta. Un 25 por ciento evidencian trastornos afectivos y un porcentaje similar, trastornos de ansiedad.

El tratamiento de mejor pronóstico es el combinado multimodal, farmacológico, psicológico y psicopedagógico. Donde deben participar, padres, profesores, médicos y psicólogos.

Con respecto a los tratamientos farmacológicos, se suelen utilizar los estimulantes no anfetamínicos, que buscan aumentar la noradrenalina (neurotransmisor cerebral que regula la atención, actividad e impulsividad), la Atomoxetina. Hay otro estimulante eficaz en un 65 por ciento derivado de las anfetaminas, es el Metilfedinato, que aumenta la dopamina en varias partes del cerebro implicadas en la atención.

Existe una polémica cronificada respecto a efectos secundarios de la administración de fármacos estimulantes. Bueno será preguntar a los niños si perciben sensaciones extrañas (efectos psicóticos, como alucinaciones, delirios o escuchar voces) y observar si aumenta la falta de sueño o la pérdida de apetito.

Precisamos: Educación activa, autoridad firme, pero afectiva, combinar la supervisión con el desarrollo de la autonomía e incentivación de la responsabilidad. El educador (profesor; padre) debe ser un referente de “autóritas” estable y próximo.

En el Programa recURRA-GINSO para padres e hijos en conflicto, buscamos alcanzar la estabilidad socio-emocional y ello, desde el establecimiento de límites y normas, la trasmisión del afecto y rechazando todo tipo de chantaje. En nuestra residencia Campus Unidos, muchos de los diagnósticos de TDAH en nuestros jóvenes, no se confirman.

Mischel, realizó una prueba con niños muy pequeños a los que les puso delante de la mesa un bombón, y les dio la siguiente instrucción, si en tres minutos no os lo habéis comido, pues yo voy a salir de esta sala, cuando vuelva os daré otro. La prueba se hizo con miles de niños. 14 años después los adolescentes que tenían problemas eran lo que se comieron el bombón, es decir, los del aquí y ahora, incapaces de diferir gratificaciones. En la vida hay que enseñar a aceptar frustraciones y a conocer las propias limitaciones.

El diagnóstico correcto de TDAH no resulta fácil (no hay pruebas de laboratorio). Este es un trastorno multifactorial, en el que intervienen elementos genéticos, neuroquímicos y ambientales. Se está investigando sobre características prenatales, y sobre las gestaciones.

Relativo al tratamiento psicológico.- se interviene desde la Psicoeducación (de niños y padres). La terapia individual y familiar (reducción de estrés) y la Psicoterapia cognitiva- conductual. El psicólogo busca fortalecer los recursos del niño afecto de TDAH. Entrenando sus habilidades sociales, enseñando a disminuir sus comportamientos disruptivos y fortaleciendo la adquisición de autocontrol.

No debe olvidarse el riesgo de padecer de forma asociada depresión o ansiedad.

Los padres pueden sufrir frustración, tristeza. estrés, incluso desconfianza en sus habilidades parentales y problemas de pareja.

Marquemos pocos límites, pero estables. La norma ha de cumplir, eliminemos distractores, establezcamos rutinas, estructuremos los tiempos, definamos las reglas. No permitir que el niño tiranice (a otros niños o a los adultos).

Hemos de reseñar y subrayar los factores contextuales: La psicopatología social.

Precisamos paciencia y persistencia para lograr hábitos, así como contacto permanente entre padres, profesor, psicólogo.

Facilitemos la participación en actividades deportivas grupales. Busquemos momentos de ocio interaccionando con otros padres e hijos (visitas a su casa, a la nuestra; salidas etc.).

Enseñemos a pensar antes de contestar, para ello resulta crucial la consistencia en la respuesta del adulto.

Los niños requieren jugar, correr, trepar, estar en contacto con la naturaleza. Hoy están horas y horas sentados en clase, ante la Tablet. Sentados, siempre sentados. Un niño con TDAH (y todo niño) no debe estar todo el día sentado y apoyado en una mesa. En clase deben sentarse cerca del profesor.

El diagnóstico se suele hacer a los 5 o 6 años. Diagnosticar al niño de TDAH, conlleva el riesgo de trasladar el problema al niño, siendo que hay que cambiar los colegios, la sociedad, la ubicación de niños y jóvenes.

Gracias a las Asociaciones de padres de TDAH, la LOMCE, la reconoce como una causa de adaptación curricular. El profesorado requiere formación específica.

El menor desarrollo de los lóbulos frontales, les dificulta la espera de recompensa y la inhibición de respuestas automáticas, lo que conlleva a rabietas en que parecen estar “fuera de sí”. El TDAH afecta a la función ejecutiva (planificar, reflexionar anticipando consecuencias, inhibir respuestas inadecuadas).

Hay que tratarlos o corren el riesgo de enfrentarse a la justicia, primordialmente, porque quieren ganarse el afecto, del resto de componente del grupo y/o caer en la adicción de drogas (incluido el alcohol).

Son niños muy sensibles, modulando su impulsividad, se entregan al 100 por ciento a causas altruistas.

En el ámbito forense hemos de discriminar el TDAH del trastorno por estrés postraumático, y es que hay niños cuya inatención e impulsividad hunde sus raíces en ser víctimas de maltrato y/o abusos sexuales.

Los niños con TDAH generan relaciones disfuncionales en los otros miembros familiares (padres y hermanos). Suponen un mayor coste (sanitario; clínico) y en ocasiones afectación laboral en los padres.

La Clasificación Internacional de Enfermedades de la O.MS deberá establecer criterios más estrictos para el diagnóstico de este trastorno.

Precisamos intervenciones conductuales; psicosociales y de apoyo académico, más allá de las específicamente psicofarmacológicas.

Esta sociedad algo está haciendo mal, cuando genera situaciones donde los niños sufren, algunos angustia vital, falta de proyecto de vida existencial. La enfermedad mental infanto-juvenil existe. Véase el riesgo de ideas autolíticas y de suicidio en el grupo 18 a 24 años.

Javier Urra
Dr. en Psicología
Dr. en Ciencias de la Salud

Javier Urra

Primer Defensor del Menor

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  • T.D.A.H

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    893 | Wendy - 05/03/2016 @ 09:24:51 (GMT+1)
    Mi hijo tiene deficit de atencion tiene 9 años a sido dificil pero con paciencia y amor hemos avanzado sin necesidad de mesicamentos..
    891 | Lis rodriguez - 05/03/2016 @ 05:51:41 (GMT+1)
    El medicamento trileptal de 300 mg media tableta , sirve para el tdah.

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