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Salud mental

viernes 15 de enero de 2016, 13:00h
Se estima que para el año 2020, de las 10 enfermedades que mayor discapacidad producirán, 5 serán trastornos mentales, figurando la depresión como la segunda más importante.

Los costes de los trastornos mentales y del cerebro se cifran en 83.749 millones de euros anuales (aproximadamente el 8% del PIB de nuestro país).
Necesitamos prestar una especial atención a los menores, dado que un 20% de los niños y adolescentes llega a presentar algún tipo de trastorno psicopatológico.


Dentro de los avances en la formación sanitaria especializada en Ciencias de la Salud está la nueva especialidad de Psiquiatría del Niño y Adolescente. Sin embargo, en nuestro país el número de psicólogos que desarrollan su labor en el ámbito de la salud mental (en centros de salud mental públicos y privados, así como en la práctica privada) es de 5´71 por cada 100.000 habitantes, una cifra manifiestamente insuficiente para cubrir las necesidades de asistencia psicológica a la población.


La convocatoria para el acceso a la formación sanitaria especializada sigue siendo exigua, ceñida la oferta a 129, insuficiente para cubrir la creciente demanda de trastornos psicológicos en nuestro Sistema Nacional de Salud. Se estima el déficit en 7.200 profesionales.


Deberá incrementarse en años venideros el número de plazas en la oferta pública, para progresivamente acercarnos a la media europea, mejorando la atención a la población en materia de salud mental, reduciendo costes y listas de espera, así como rebajando la prescripción farmacológica y aplicando el mejor tratamiento posible en cada caso.


Hemos de alertar del incremento en el consumo de hipnosedantes con receta médica situándose en España como la tercera sustancia más consumida después del alcohol y el tabaco y por delante del cannabis, según datos de la delegación del gobierno para el plan nacional sobre drogas del Ministerio de Sanidad.


Señalemos un grave problema como son los trastornos de alimentación y específicamente la anorexia y bulimia y su elevado diagnóstico entre niños y adolescentes. Incremento constatado, y preocupación por el descenso de edad de inicio en los enfermos, siendo los 12 años, los más frecuente en la actualidad.


Se calcula que el 6% de las chicas jóvenes y adolescentes de 12 a 24 años sufren un trastorno de la conducta alimentaria. Sin entrar en el debate de las etiologías, no se discutirá que los factores que la desatan promueven y refuerzan son ambientales y del entorno, por ende la rápida expansión de las nuevas tecnologías ha intensificado la difusión de cánones de belleza irreales, adquiriendo matices más inquietantes con la aparición de diversos sitios web en los que se hace apología de estas enfermedades y se defienden como un estilo de vida.


Hace tiempo que venimos denunciando en foro parlamentario el peligro de las páginas pro-anorexia (pro-Ana) y pro-bulimia (pro-Mía) radica en el elevado porcentaje de visitas que generan y en la alta participación de menores, pues constituyen el 75% de las personas que consultan estos contenidos, que intercambian información relativa a “técnicas y conductas” que pueden poner en riesgo su integridad.


El futuro Gobierno, habrá de profundizar en la protección de los menores en internet haciendo que las grandes plataformas que alojan están páginas web y quienes participan en las redes sociales se impliquen en la retirada inmediata de estos perversos contenidos.


Respecto al problema de salud mental más frecuente es el de la depresión, en ocasiones amenazante para la propia vida, afecta a unos 30 millones de personas en Europa, supone unos gastos de unos 100 billones de euros a los empleadores cada año. Cada vez más personas tienen depresión y sin embargo no disponen de acceso a una asistencia de calidad cuando la necesitan. Esto no acontecería si se tratase de una enfermedad física, y más teniendo en cuenta que existe innegable evidencia de intervenciones costo-efectivas para prevenir y tratar la depresión.


Más de 800.000 personas mueren en el mundo cada año por suicidio. Esta cifra, más que posible y que probable realmente se quede corta dado el estigma asociado al suicidio, la falta de procedimientos de registro fiables, y las sanciones religiosas o jurídicas existentes contra el suicidio en algunos países.


Respecto a España y según datos del Instituto Nacional de Estadística en 2013, el suicidio es la principal causa externa de muerte con un total de 3.870 personas fallecidas (2.911 hombres y 959 mujeres) y una tasa de 8´3 fallecidos por cada 100.000 personas (12´7 en los hombres y 4´1 en las mujeres) estos datos dejan patente que el suicido constituye hoy un grave problema de salud pública siguiendo los criterios de la Organización Mundial de la Salud.


Nos es difícil imaginar el cataclismo psicológico extremo que lleva desde el sufrimiento a alguien a decidir que el suicidio es la única y última salida. No se dude de que tender la mano a quienes están luchando con ese insondable dolor, salvará vidas. Algunas de las claves de la posible prevención está en mostrar interés y preocupación por las personas vulnerables, preguntarles por su estado de ánimo, escucharles activamente sin enjuiciar, mostrar real interés por ellos, romper el aislamiento, conectarles con la vida, propiciándoles la creación de lazos sociales.


Asimismo el suicidio es devastador para las familias, los amigos y los miembros de la comunidad que quedan vivos pero impactados, en ocasiones traumados y que experimentan una compleja y variada gama de emociones.


Sabemos que expresar los sentimientos resulta catártico y ayuda a dar un primer paso para ir asimilando el dolor, y conviviendo con el sufrimiento. Haremos bien en posicionarnos de forma proactiva, aportar proximidad y calidez, erradicando prejuicios. Démosles a quienes están en duelo por suicidio la oportunidad de hablar acerca de su perdida.


España es un país con una magnífica atención sanitaria que debe hacerse extensiva a la salud mental, téngase en cuenta que en la misma se trabaja con otros ámbitos tan dispares como: La explotación sexual. La violencia de género. Los trastornos con déficit de atención e hiperactividad. Los daños causados en accidentes de todo tipo. La psicosis. Las fobias. Las ludopatías. O por no ampliar el espectro en la violencia filio-parental.


Eduquemos a la ciudadanía en la prevención, en la psicohigiene, en el compromiso, y dotemos a la sociedad de unos profesionales que son absolutamente necesarios.

Javier Urra
Dr. Psicología
Dr. Ciencias de la Salud


Si se desea ampliar datos, puede consultarse el número 71 de INFOCOP. Consejo General de la Psicología de España.

Javier Urra

Primer Defensor del Menor

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