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El vínculo del amor

miércoles 16 de diciembre de 2015, 07:57h

Desde el Programa recURRA-GINSO hemos trabajado ya con 1000 casos de padres e hijos en conflicto. Hemos aprendido que quieren quererse. Estamos ante la denominada 'Patología del Amor'. Son como dos imanes que se repelen, pero buscan atraerse.

Recuerdo que en el Colegio de los Maristas nos contaban la “historia” de un hijo que clavó un cuchillo a su madre, esta cayó al suelo. El hijo, al huir, tropezó con el cuerpo de la madre y esta le preguntó: “Hijo, ¿te has hecho daño?”.

Queridas y queridos lectores, ¿darían la vida por sus hijos? Y ahora, contéstenme: ¿Darían la vida por su pareja?

El vínculo del amor. Mi madre lleva más de tres años en una residencia con un Alzheimer muy avanzado. Últimamente me dice: “¡Qué guapa estás!”. No recuerda nada. Pero si le pregunto “¿Me quieres?” me contesta “¡MUCHO!”.

El vínculo del amor, o el olvido del “YO”.

Estas navidades volaremos a Buenos Aires desde Madrid, desde Washington, atraídos por el vínculo del amor, que en este caso lleva por nombre Catalina (mi nieta); bueno, nuestra nieta.

En RNE, en un programa de noche, nos llamó una señora muy mayor y nos contó: “Yo fui una joven muy conflictiva, hice la vida imposible a mi padre. Mi padre murió ya hace muchos años, pero todas las noches me acuerdo de él. Porque nunca le dije “te quiero”.

El vínculo del amor: esa es la razón de vida. ¿Para quién he vivido?

Enamorarse no es amar. Querer no es amar. Poseer es lo opuesto a amar.

Amar es compartir. Se ama a fondo perdido.

Eduquemos, eduquémonos. En el autocontrol; el autodominio. En poner cortafuegos para no pasar nunca del amor al odio.

Aprendamos el juego de “el que no sabe lo que siente el otro, pierde”.

Trasmitamos e interioricemos lo que significa respeto.

Amar es dar.

Eduquemos: en la incertidumbre. En la posible ruptura. En la consecuente frustración.

El vínculo del amor es el puente que sostiene el universo.

El amor precisa del perdón y del sacrificio del orgullo.

Cuidado con lanzar palabras como pedradas. Utilicemos el lenguaje como colchón afectivo.

Nos vemos, no en el espejo, sino en los ojos del otro.

Compartamos generosidad, optimismo, esperanza, serenidad, sentido del humor, agradecimiento.

Estimulemos la sensibilidad, el gusto por la belleza, la defensa de la naturaleza.

Trasmitamos con-tacto, piel con piel, ética, estética, defensa de la intimidad, compasión, espiritualidad, autointrospección, creatividad.

Sintámonos concernidos. Dueños de nosotros mismos.

Enseñemos a enfrentar dilemas.

El vínculo del amor. Dice un refrán chino: “Si vas a realizar un túnel en la montaña, empieza por los dos lados. Si se une tendrás un túnel. Si no, tendrás dos”.

Javier Urra

Primer Defensor del Menor

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