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Carmena cumple cien días

jueves 24 de septiembre de 2015, 08:05h

Alcaldesa de Madrid: han caducado los cien días de cortesía política que se merece cualquier regidor debutante. Se le acabó el período de gracia reservado a los electos investidos. El tiempo transcurre inexorable y a su paso los aplausos clamorosos se transforman en reclamaciones inevitables. Así es la vida, señora Carmena, tan apasionante como fugaz. Ahora le toca explicarse y comprometerse con las buenas gentes de Madrid. Recibirá por ello las justas alabanzas y las críticas que se merezca.

Escrito lo que antecede, debo añadir lo que sigue: a pesar de la tradición citada, en su caso, doña Manuela, la oposición municipal y muchos observadores mediáticos han disparado contra usted con munición de grueso calibre. Ha recibido más palos que aquel pobre mono que no terminaba de aprenderse el catecismo. No le extrañe. Ahora Madrid desató tantas expectativas populares y tantos temores, que muchos cargaron la escopeta el mismo día que usted ocupó su despacho en el Palacio de la Cibeles.

De la Alcaldesa depende que las lanzas se tornen cañas y las promesas en hechos concretos. Mal nos parece que su programa electoral fuera un catálogo de sugerencias virtuales y peor aún que todavía no sepamos, tres meses después de su proclamación, lo que pretende hacer en nuestra ciudad. Los que ya hemos cumplido algunos años recordamos otra ruptura democrática con el pasado. Muerto el dictador y celebradas las primeras elecciones libres en Madrid, un gabinete de izquierdas se hizo cargo del Ayuntamiento de la Villa. En aquel gobierno municipal, presidido por Enrique Tierno, se embarcaron cualificados militantes del Partido Socialista y del Partido Comunista.

Instalados en sus nuevos cargos, casi de inmediato, los recién llegados paralizaron el tráfico rodado en la Glorieta de Atocha, desmontaron los pasos elevados del intercambiador que allí se levantaba y soterraron los viales que atravesaban la plaza. Aquel gesto simbolizó el proyecto de cambio radical que defendían los nuevos gestores. En pocos años renovaron Madrid profundamente. La señora Carmena debe recordar lo sucedido en aquellos tiempos, ella misma se encuadraba en la vanguardia activa que luchaba por asentar los derechos y las libertades de la ciudadanía.

Otros alcaldes dejaron después su impronta en la ciudad. Hoy no sería posible circular por Madrid sin los viaductos subterráneos impulsados por Rodríguez Sahagún y Álvarez del Manzano. El casco antiguo sería muy distinto al de hoy sin la regeneración de sus fincas, calles y plazas. Los transportes colectivos se extienden por todas partes y se han multiplicado los equipamientos y las zonas verdes. Los centros culturales y sociales, públicos y privados, se abren cada día en muchos puntos de la metrópolis y la concentración de museos en el Paseo de Recoletos es única en el mundo.

En Madrid, coincidiendo con los mandatos de Ruiz Gallardón, se ha realizado la operación urbanística más ambiciosa de todas las practicadas en Europa. La autovía M-30, que encastilló el centro separándolo de las barreras periféricas, se ha enterrado en gran parte de su trazado, devolviéndole al ciudadano los espacios urbanos que antes ocupaban los automóviles. Ahora Madrid ha recibido una herencia formidable, pero los efectos de la crisis, la deuda acumulada, el deterioro evidente de mucho de lo hecho, la suciedad insufrible con la que convivimos, los ruidos y la contaminación, la insolidaridad cívica y la marginación de algunos distritos y de muchísimos madrileños, todo ello, señora Alcaldesa, reclama soluciones urgentes.

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