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El disputado voto del Santo Isidro

martes 12 de mayo de 2015, 07:44h

Por ahí va el Santo Isidro, a lo suyo desde muy temprano, labrando las tierras cercanas de su señor, sirviéndole con mansedumbre de sol a sol, repartiendo lo que no tiene entre los pobres, orando en silencio mientras los ángeles le terminan la faena, ajeno totalmente al bullicio político que sus vecinos contemporáneos protagonizan cada cuatro años en la Villa y Corte. Es costumbre asentada que las campañas electorales coincidan con los festejos que se organizan para conmemorar su vida y milagros. Él lo sabe.

Por ahí camina nuestro Santo Patrón, confundido entre las gentes que se arraciman en Las Vistillas o se citan en su Pradera, olisqueando el tufillo de las fritangas populares, sorteando las verbenas y los pasacalles, un poco aturdido por el estruendo de los conciertos callejeros. De vez en cuando, con la azada al hombro, descansará algunos minutos en su plaza favorita. En los días que corren, es muy posible que una multitud de curiosos ocupe el lugar.

Si así fuere, el Santo buscará un rincón discreto y escuchará las proclamas del candidato que pretende ser alcalde de Madrid o gobernador del territorio que le vio nacer. En pie sobre sus robustas piernas, Isidro observará con atención las caras de los madrileños allí reunidos. Algunos le parecerán ilusionados, otros desconfiados, pensativos los más, pendientes todos de las promesas del charlatán de turno, no vaya a ser que cumpla y les arregle un poquito la vida.

"Deben de ser nuevos, no conozco a ninguno", exclamará el Santo mientras refresca la memoria. "Se estrenan en estas elecciones. Es su primera vez. Les llaman partidos emergentes", le contará el más enterado de los presentes. Tentado por la curiosidad, en voz baja, Isidro preguntará al parroquiano sabelotodo: ¿Dónde están Tomás Gómez, Jaime Lissabetzki, Ángel Pérez, Gregorio Gordo, Ruiz Gallardón, Luís de Velasco, Ignacio González y Ana Botella? ¿Qué ha sido de ellos? "Todos fuera de juego, jubilados o despedidos", contestará el paisano interpelado.

Rememorando una de las muchas sentencias que aprendió de los frailes limosneros, el Venerable recordará aquello de sic transit gloria mundi. ¿Cómo dice? "Perdóneme buen hombre, quería decir que la gloria mundana dura muy poco". "Esperanza Aguirre es la única que sigue en el ajo. No pueden con la señora. Sus jefes no quieren perder la alcaldía de Madrid y solo ella puede defender la plaza. Se la juegan... que tenga un buen día amigo". Se escucharán aplausos. El mitin habrá terminado. La concentración se disolverá y cada cual regresara a sus quehaceres diarios.

Una muchachita se acercará entonces al Justo Varón y le regalará una flor. "Necesitamos el apoyo de todos para cambiar las cosas", dirá la chica. "Hace muchos siglos que me borraron del padrón municipal, pero siempre ruego al Altísimo por los más vulnerables", se excusará Isidro. "Se lo agradezco, cualquier compromiso es bien recibido por aquellos que lo han perdido todo... salud y suerte". La joven volverá con los suyos y nuestro protagonista encaminará sus pasos por las callejuelas del Madrid más antiguo.

Amparados en su advocación protectora se torean los bravos en Las Ventas y los libreros le piden que no llueva demasiado en la Feria del Libro. Muchos políticos, incluso los más descreídos, esperan de él una ayudita el próximo 24 de mayo. De retirada, antes de consolarse con una frugal cena, el Santo Isidro aún tendrá tiempo para contemplar en el cielo las luciérnagas fantásticas de los fuegos artificiales.

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