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El cordón inaugural

lunes 23 de febrero de 2015, 14:47h

Se han lanzado botellas contra buques para celebrar la botadura de un inmenso barco que surcaría el océano y se han cortado cordones gruesos, que costaba cortarlos. La historia está llena de rituales y sus protagonistas han sido Reyes, Jefes de Estado, gobernantes de distintos ámbitos, de una nación, de una comunidad, de un pueblo. ¿Qué tendrá el cordón que tanto gusta?

Hay cierta pasión por el cordón y por el champán. Tal vez por eso, cortar el cordón y lanzar una botella de champán producen un éxtasis que sólo pueden describir quienes lo han vivido alguna vez, quienes han ejercido el poder desde el rito, desde la teatralidad. Y algo de teatralidad siempre tiene el sillón, el saludo, el gesto intercambiado entre quienes representan y quienes asumen ser representados.

Se están colocando cordones y poniendo a enfriar botellas de champán para estas ceremonias de la confusión que son la inauguraciones preelectorales. Porque cuando sólo falten unos 55 días para las elecciones (cuando se convoquen las elecciones) ya no se podrán cortar cordones, ni hacer anuncios de promesas electorales porque la Ley Orgánica del Régimen Electoral lo prohíbe con toda claridad: "Queda prohibido realizar cualquier acto de inauguración de obras o servicios públicos o proyectos de éstos, cualquiera que sea la denominación utilizada, sin perjuicio de que dichas obras o servicios puedan entrar en funcionamiento en dicho período".

Por eso, estos días de febrero y marzo son tiempos de inauguraciones y anuncios electoralistas, y lo mismo vamos a oír hablar de bajada de impuestos que de mercados abandonados para los que hay un plan inminente aunque olvidado 25 años. Es así que en la administración de la cultura pública cuya competencia es del Ayuntamiento de Madrid estamos asistiendo a la ceremonia de la confusión

Esta semana la alcaldesa inaugura un faro que no ilumina, un faro que lleva años cerrado, un faro del que se presenta el plan para ponerlo en marcha. Tan insólito como abrir una exposición de Arco en el Conjunto Daoíz y Velarde, que se anunció como el gran centro de artes escénicas para niños poro cuyo teatro sigue sin acabar. Pero es que estamos en febrero y cualquier excusa vale, hasta la de Arco.

Saltan las páginas de los calendarios y se reparten los días entre anuncios y declaraciones de promesas que no se pueden cumplir, que nadie piensa en si se pueden o no cumplir porque se pueden decir por quien no va a seguir en el cargo con cierta ligereza y la tranquilidad de quien no será responsable de lo dicho. Como hoy no se le piden responsabilidades a Gallardón de aquel museo cerrado, el museo municipal de arte contemporáneo, cuya reinauguración sólo es una tercera parte de los previsto ni de tantos compromisos, como el Palacio de la Música.

Se inauguran edificios incompletos, con una mala rehabilitación, con defectos y en su mayoría, sin definición. Pero es que son tiempos de cortar cordones sin pedir explicaciones o algunos así lo piensan.

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