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Que me lleven a La Paz

viernes 16 de enero de 2015, 13:09h

El Presidente Ignacio González acaba de inaugurar la nueva sede del Instituto de Investigación Sanitaria levantado en el complejo hospitalario La Paz. En estos tiempos duros que nos ha tocado vivir, caracterizados entre otras calamidades por el deterioro evidente del bienestar social, cualquier luminaria encendida aporta un poco de luz en las tinieblas que nos deprimen. El sanatorio universitario de La Paz es uno de los faros que se mantienen luminosos en el horizonte oscurecido que contemplamos cada día. A pesar de las inclemencias presupuestarias y de los cañonazos que se disparan contra todo lo público, ahí sigue nuestro extraordinario centro asistencial.

La Paz cumplió cincuenta años el verano pasado y festeja la onomástica recibiendo el galardón de mejor hospital público de toda España. Cuando abrió sus puertas por primera vez, un 18 de julio de 1.964, su silueta solitaria presidía un paisaje de despoblados situado al norte de la capital. La dictadura de Franco conmemoraba por entonces los 25 años de obligada paz que siguieron a nuestra contienda civil, aniversario que se utilizó para bautizar con el nombre de La Paz al edificio circular alzado en un lugar tan inhóspito. Asomándose a sus ventanas frontales, en mitad de la nada, solo se divisaban la incipiente Ciudad Deportiva del Real Madrid, las colmenas de viviendas que la EMT financió para sus trabajadores y las carreteras nacionales de Colmenar y Burgos.

Durante algunos años, acercarse hasta allí suponía un serio trastorno, pero los madrileños enfermos o accidentados afrontaban la aventura con aplomo y resignación. Todos querían que se les atendiera en la nueva y flamante residencia. Preguntado cualquier doliente de la época, de inmediato replicaba: "que me lleven a La Paz". Desde entonces cumple primorosamente con las funciones para las que fue construida, multiplicándose en nuevas instalaciones punteras, habilitándose como un foco imprescindible de investigación y formación facultativa, complementándose sucesivamente con todo aquello que precisa una medicina adelantada y eficaz.

En aquellos tiempos la obra se financió con cincuenta millones de pesetas y se presentó en público como un símbolo de la Seguridad Social impulsada por el desarrollismo franquista. En su primer año de existencia se atendieron en La Paz 21.700 consultas, se practicaron 9.000 operaciones quirúrgicas y cada día nacieron allí 42 criaturas. En el año 2.013, según el último de los balances publicados por la Consejería de Sanidad, más de un millón de pacientes desfiló por los servicios ambulatorios del establecimiento, 41.000 enfermos fueron operados en sus quirófanos y 16 embarazas alumbraron diariamente un nuevo ciudadano. De los datos consignados se deduce una evolución tan positiva como considerable.

En la actualidad 17 edificaciones distintas se concentran en el espacio ocupado por La Paz: el Hospital General, el Materno Infantil, el de Traumatología, la Escuela de Enfermería, el nuevo Instituto de Investigación y una decena más de equipamientos complementarios y auxiliares. De su gerencia dependen también el Carlos III y la clínica de Canto Blanco. En sus plantas se capacitan los médicos residentes recién licenciados y los alumnos graduados en asistencia sanitaria. Allí investigan más de mil profesionales, agrupados en 48 equipos, de cuyo trabajo científico se derivan, 65 patentes y 11 marcas de fármacos.

Siendo como ha sido la Comunidad de Madrid el laboratorio donde se ha probado el liberalismo radical, la eficacia de las contratas privadas en servicios esenciales, las privatizaciones de lo público, los recortes de plantillas, los ahorros insensatos y las contrataciones temporales sin medida alguna, resulta un prodigio que nuestro sistema público de salud sea el mejor de todos los que funcionan en España. La organización ha resistido la crisis con el músculo adquirido en muchos años de inversiones generosas, pero han sido sus trabajadores los que han obrado el milagro, explotando al máximo los recursos menguados que se ponían en sus manos y empeñando en la labor lo mejor de su oficio. Todos ellos, del primero al último, han combinado tenacidad y paciencia con preparación, dedicación, madurez y profesionalidad. Si algún día lo necesito, que me lleven a La Paz.

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