www.madridiario.es

La insufrible continuidad del Consejero Rodríguez

jueves 27 de noviembre de 2014, 07:55h

Tímidamente, caminando de puntillas sobre la tarima del escenario político, oculto en su propia sombra, implorando al cielo que no vuelva a reproducirse una crisis de ébola, buscándose un buen picapleitos que le defienda de sus excesos verbales, aún permanece en su puesto el Consejero de Sanidad. Aunque no sepamos nada de él, lo imaginamos bien comido y perfectamente instalado en la buena vida, tal y como nos desveló repetidamente, sin otras necesidades vitales que perdurar en el Gobierno de la Comunidad, tan conforme consigo mismo como lo estaba en aquellos días terribles del contagio hospitalario.

Refugiado en los parapetos que sus asesores van colocando en el camino, Javier Rodríguez espera que la ciudadanía madrileña, tan desmemoriada siempre, olvide lo que hizo y lo que dijo. Yo esperaba, sinceramente, que neutralizado el episodio epidémico y devuelta a la vida Teresa Romero, el Presidente González cesara a su responsable sanitario, pero no lo ha hecho y es muy posible que Rodríguez aguante hasta que termine la vigente legislatura. Nada nuevo bajo el sol, me dirán algunos; una indecencia más de los que mandan, me parece a mí.

No basta con pedir disculpas a los ofendidos, comportamiento que se le supone a las personas bien educadas, los políticos tienen que asumir los errores y obrar en consecuencia. Dicho de una forma más rotunda y contundente, los dirigentes que se confunden deben recoger los efectos personales que adornan el despacho que ocupan, empaquetarlos convenientemente y presentar la dimisión al Jefe. En el caso que nos ocupa, confundido quizás por el apoyo solidario de los suyos y la tolerancia cómplice del que podría mandarle a paseo, el caballero Rodríguez piensa que existe un limbo donde van a parar los resistentes como él.

Nunca entenderé, ya les digo, los lazos de hierro que encadenan al que designa con el designado, las madejas de compromisos que enredan la permanencia de los elegidos, las lealtades equívocas que impiden los relevos necesarios o los equilibrios internos que inmovilizan la mano del gobernante. Aunque yo no termine de comprenderlo, tales motivaciones existen, como las meigas gallegas, asegurando a los incapaces una larga trayectoria política. Alguna de tales ataduras, o la combinación de varias de ellas, paraliza posiblemente a Ignacio González. Sólo así se explica que Javier Rodríguez se acomode cada mañana en su coche oficial de la Consejería que aún representa.

¿ De qué le sirve al Presidente un colaborador condenado por la opinión pública y despreciado por el sector al que administra, cómo es posible que tengamos que pagarle el sueldo a un individuo que especuló con la profesionalidad y la sinceridad de una enfermera que se moría, cuántos culpables más de tantos fallos se ocultan bajo la capa de Rodríguez? La continuidad del Consejero resulta insufrible y usted lo sabe, señor Presidente.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Madridiario

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.