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Aunque nos parezca mentira

jueves 20 de noviembre de 2014, 08:21h

Ciertas apariciones puntuales certifican el inexorable paso del tiempo. Las hojas de los árboles, teñidas de colores crepusculares, se amontonan en las aceras encharcadas. Otro otoño más, pensamos. Los primeros escalofríos nos obligan a rebuscar en el armario la ropa de abrigo. Se acerca nuevamente el invierno, nos tememos. Los operarios municipales cuelgan las escarpelas  luminosas de los cables tendidos sobre las calles. ! Ya está aquí la Navidad!, nos sorprendemos.

¡Pero oiga, que falta más de un mes! Tiene usted toda la razón señora; pero en  las avenidas de mi barrio se han colocado ya los adornos rituales, los infortunados aguardan en las colas de los despachos de lotería y en las galerías de alimentación se venden dulces navideños. Diga usted conmigo, señora: ¡ya está aquí la Navidad!

Se nos acaba el año, señores; aunque nos parezca mentira, aunque no terminen de creérselo los políticos cesantes que pueblan nuestras instituciones. En sus puestos se comerán los turrones tradicionales, pero será la última vez que lo hagan. ¡Cómo pasa la vida, señores mandatarios!, parece que fue ayer cuando recibieron sus actas de concejales o de diputados, unos para gobernar y otros para calentar banquillo en las bancadas de la oposición. Ahora compartirán la nostalgia que provoca revivir un pasado que no se repetirá nunca más.

Doña Ana Botella, don Jaime Lissavetzky y don Angel Pérez, representantes de los tres partidos que más votos cosecharon en la ciudad de Madrid, se han apartado del camino y han cedido sus mochilas a los que pretenden sucederlos. Otros compañeros de vocación, aun en el machito, podrían acompañarles en la fiesta de despedida. Todos ellos, los que se van y los que podrían quedarse, exclaman apabullados: ¡que poco nos queda, la Navidad ya está aquí!

Los míos me acarrean ya por los grandes almacenes o me aparcan frente a los escaparates de los pequeños comercios que reclaman su atención. Se trata de anticipar las compras y evitarnos los agobios de los últimos días. Me aburren con antelación, pero reconozco que es una forma acertada de preparar los festejos. Este tipo de planificaciones intuitivas, aprendidas en la escuela de la vida, vendrían muy bien a los partidos políticos que se juegan el cocido en las próximas elecciones autonómicas y municipales.

En estos tiempos nuevos de renovaciones internas y externas, con tantos dirigentes caídos en desgracia, con tantos históricos jubilados antes de tiempo, bueno sería que el pueblo soberano identificara a los nuevos contendientes. "No sea usted tan puntilloso, señor escribidor; no vaya a ser que los políticos se  pongan nerviosos. Todavía faltan muchos meses para las elecciones"- me puntualiza la misma señora-. De acuerdo, de acuerdo, tiene usted toda la razón, pero hace muy poco que aún nos paseábamos acalorados en manga de camisa. Sin embargo,  la Navidad ya está aquí, aunque nos parezca mentira.

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