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Fernando González
Fernando González

El hombre del saco

miércoles 22 de octubre de 2014, 20:16h

El Ayuntamiento de Madrid acaba de descorrer la cancela de su cueva tributaria y de tal recoveco ha salido el temible hombre del saco. Algunos le llaman Impuesto Sobre Bienes Inmuebles, pero yo prefiero imaginármelo como aquel personaje que perturbaba los sueños infantiles. Recorre ya nuestras calles arrastrando su fardo recaudatorio, dispuesto a requisarnos centenares de euros. Muy pronto tocará el timbre de su puerta y desde ese instante tendrá usted el tiempo justo para reunir la pasta que le pida. No se me haga el despistado y atiéndale con presteza.

Suelte la guita y vaya ahorrando para satisfacerle el ejercicio que viene. A lo largo del año, a compás de sus necesidades presupuestarias, el Ayuntamiento nos va achuchando tasas y arbitrios, pero espera la llegada del otoño para darnos en la cabeza con la estaca del fatídico Impuesto Sobre Bienes Inmuebles. Un mal día del año 2011, la Junta de Gobierno municipal, que entonces presidía el faraón Ruiz Gallardón, basándose en vaya usted a saber qué criterios, decretó la actualización del valor catastral de nuestras viviendas. Transformados Gallardón y los suyos en magos de la especulación urbanística, como si jugaran con nuestras casitas al Palé del Monopoly, revalorizaron nuestros hogares en más del setenta por ciento.

No crean ustedes que aquello fue una resolución estadística: incrementaron artificialmente el valor de nuestros inmuebles para sangrarnos doblemente. Siempre se dijo que el redactor de la Ley camufla en ella la trampa para burlarla, pero en el caso que nos ocupa aquel que ideó el artificio legal sabía muy bien las repercusiones legales que ocultaba. Todo el mundo sabe que el precio de la vivienda, nueva o de segunda mano, ha bajado en Madrid entre un veinte y un cuarenta por ciento a lo largo de los últimos años, cotizándose ahora en muchos distritos de la capital por debajo del valor que tenían antes de la burbuja inmobiliaria.

Resulta pues paradójico que el registro catastral suba y suba por obra y gracia del Ministerio de Hacienda y de nuestro voraz Ayuntamiento. Pintoresca obligación la de aquellos que tienen que abonar más impuestos por unos bienes que valen menos. Según los datos publicados por las principales organizaciones de consumidores, en Madrid se ha incrementado el recibo del IBI un cincuenta y cuatro por ciento en sólo cinco años, cuando la media nacional apenas supera el veinte por ciento en el mismo periodo.

Aquí no se hacen distingos por el nivel de renta o la situación social de los contribuyentes, el catastrazo se aplica por igual a todo hijo de vecino. En mi entorno más próximo, algunos conocidos se ven obligados a pedir por anticipada la paga extra de Navidad para saldar cuentas con el fisco municipal. El agobio fiscal al que nos somete el Ayuntamiento no ha hecho más que empezar y el dichoso gravamen se incrementará un seis por iento cada uno de los siete años que se avecinan. Así lo dejó establecido Gallardón y así se viene haciendo desde entonces.

Financiamos una institución que cada día nos pide más a cambio de peores servicios. Esperemos que las próximas elecciones locales nos traiga un nuevo regidor que levante el asedio a nuestros menguados recursos y encierre por mucho tiempo al hombre del saco.

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