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Fallo Humano

jueves 09 de octubre de 2014, 18:56h

Desveladas las conspiraciones, aclarado el gran misterio cuando ya todo se confirma y va tomando forma lógica apunta directamente al fallo humano. Teresa Romero la auxiliar de enfermería contagiada por ébola en el Hospital Carlos III de Madrid, se infectó a sí misma al tocarse la cara con los guantes con los que había entrado y manipulado en la habitación de García Viejo, tras haberse se retirado la capucha de protección, en un fatal descuido humano.

No se trata de fallos en el protocolo de seguridad sanitaria, no son fallos de preparación hospitalaria, no fue mala la condición ni la preparación de ese hospital, ni hay dejación profesional de los implicados; simplemente se trata de un clarísimo y muy triste error humano.

Y en ese punto pueden surgir ciertas cuestiones: ¿qué tipo de formación se les da a los auxiliares clínicos antes de estos casos de especial y muy escrupulosa atención? ¿Estaba esta mujer suficientemente preparada para entender los riesgos que contraen los profesionales al entrar en contacto con una fuente de virus altamente letal y contagioso?

Si lo estaba, como parece ser, ¿por qué no acudió a los primeros síntomas al hospital Carlos III donde están al tanto de la posible gravedad de la situación, en lugar de acudir a un medico de cabecera ajeno a su exposición?. Y ahí acaba la cuestión no resuelta.

Ahora nos disponemos a escuchar críticas que lamentamos mucho a detractores del sistema, del que sea, si no es por ella es por su perro, lógicamente sacrificado por el enorme riesgo que entraña. Hay "que seguir atizando", y para ello todo les vale.

No somos expertos para hablar de la materia casi ninguno, pero es que en este país contamos con la enorme suerte de magníficos profesionales cotizados en el mundo entero dispuestos a ayudar frente a cualquier eventualidad médica o adversidad que se presente. Deberíamos confiar en su sabiduría y habilidades y no quedarnos con que si Ana Mato sí o Ana Mato no; que a la hora de la realidad ella no aplicara ningún criterio en nada y dejara paso a los profesionales médicos que ellos resuelvan con sus protocolos de actuación cualquier crisis de salud publica.

Siempre carecemos en este país de algo fundamental y es PRUDENCIA. Prudencia a la hora de opinar y prudencia a la hora de difamar, asustar o alertar. Lo único cierto hoy es que no hay mas victima de su fatal descuido que ella misma, la auxiliar infectada que hoy ha empeorado. Y el miedo a estarlo de todas las personas que durante su proceso de incubación, la han rodeado en su vida habitual sin conocer a lo que se exponían.

El error en su falta de precaución y su posterior silencio pueden parecer imperdonable, pero lo cierto es que solo ella es la victima; y entendamos su angustia y el alto precio que esta pagando.

Deseamos que se recupere, que viva para contarlo y sea la única y que este dolor sirva como ejemplo a sus compañeros de profesión para ser escrupulosos hasta el grado máximo en lo referente a medidas de protección en el desarrollo de la salud; porque el no serlo, como estamos asistiendo atónitos, tiene consecuencias muy graves.

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