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Abellán.
Abellán.

Oreja y percance para un enorme Abellán y cornada grave para Ureña

domingo 01 de junio de 2014, 13:46h
Toros de EL MONTECILLO, con trapío y seriedad; todos mansos, con 1º y 4º encastados; 3º y 5º, peligrosos. MIGUEL ABELLÁN: ovación tras aviso que recoge mientras pasa a la enfermería; oreja tras aviso. PACO UREÑA. silencio; ovación que recibe al pasar a la enfermería. JOSELITO ADAME. silencio; palmas. Plaza de Las Ventas, 30 de mayo. 22ª de la Feria de San Isidro. Casi lleno. Observaciones: Parte médico de Miguel Abellán: 'Traumatismo craneoencefálico en observación con constantes mantenidas. Contusión en tendón del músculo pectoral mayor izquierdo y contusiones múltiples. Pronóstico reservado'; parte médico de Paco Ureña: Herida por asta de toro en cara posterior del muslo izquierdo con trayectoria ascendente y hacia fuera de 25 centímetros, que alcanza trocánter mayor izquierdo produciendo destrozos en musculatura isquitibial, vasto externo y glúteo medio. Contusiona el nervio ciático. Pronóstico grave'.

Un festejo de verdad y muy variado, con su cara y su cruz. Con toros/toros, de distinta catadura. Con toreros/toreros, también, e igualados en sus deseos de triunfo y de sacar nota en el examen de la sesuda afición venteña. ¡Exacto!, querido lector, ¡exacto! Por tanto, se colige que no hubo figuras en el cartel. Pero sí una terna con hombría y torería para enfrentar un encierro de El Montecillo también con variedad y dificultades. Al final la moneda cayó de cruz para Paco Ureña, herido grave; de cara para Miguel Abellán, que cortó una oreja de peso, y de canto para Joselito Adame, que derrochó valor a espuertas.

Volvía el otrora entregado, valeroso y buen capotero y muletero que fue Abellán en su época novilleril y en los primeros compases de su alternativa a finales de los 90; el otrora después aburrido y vulgar madrileño. Y regresó con hambre de recuperar su primera esencia. Y a fe que lo consiguió: se fue a portagayola a recibir al que abrió la interesante función y después siguió con largas de rodillas, que en el quite pasaron a ser ajustadas chicuelinas. E inició su labor con la pañosa sometiendo por abajo al encastado y fiero burel.

Después le citó de lejos, resultando espectacularmente volteado y todos pensamos que también fuertemente corneado, lo que milagrosamente no sucedió, pero Abellán quedó hecho un 'ecce homo' y su límpido vestido blanco se transformó en rojiblanco -que para eso el espada es del Atleti- por la sangre del toro. A pesar de la paliza y de estar 'grogui', Abellán fue capaz de series de mucho mérito al natural con el toro -y el público- entregado, aunque marró a espadas antes de pasar por su pie a la enfermería.

Los pitones en la taleguilla

De donde salió para matar al otro de su lote -aunque en quinto lugar tras correrse turno-, que tenía una condición similar al primero, la de encastada fiereza pero más peligro, desde el capote, al que aplicó mecidas y sentidas verónicas, a la flámula. Con ésta desarrolló una labor intermitente pero de mucha verdad, mando y muñeca, siempre cruzado, a un bicho que se tragaba los pases a regañadientes y dudando entre el torero y el engaño. Los méritos se agrandaron con un estoconazo y el rojiblanco se llevó una oreja de mucha enjundia que paseó desmadejado pero feliz con saludo e inclinación cuando le flamearon una bandera del glorioso Atleti.  

No se entendieron Paco Ureña y Joselito Adame con el primero de sus respectivos lotes, de condición descastada, que pedían macheteo y rapidez para despenarlos, y nos anduvieron en la misión imposible de lucirse. Pero se vinieron arriba en sus segundos: el murciano extrayéndole pases ortodoxa pero sin sello hasta que en un descuido el bicho le prendió y ya se valoró más en los tendidos el arrimón final con la pierna derecha sangrando, lo que le obligó a pasar a los dominios del doctor García Padrós.

El mexicano, ante el mansazo que clausuró el entretenido festejo, a base de pisarle terrenos imposibles le robó varias series de mucho ajuste que cerró aguantando sus afilados pitones en el chaleco y la taleguilla entre el miedo de los tendidos. En definitiva, tarde variada con toros/toros... o sea, sin figuras, figuritas y/o figurones. Ni repajolera falta que nos hace.

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