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Ángel Otero
Ángel Otero

San Isidro: los otrora encastados bicornes de Baltasar Ibán fracasan en tarde de silencios

Por Emilio Martínez / DC
jueves 29 de mayo de 2014, 07:40h
Toros de BALTASAR IBÁN, con trapío y armónicos excepto el chico 1º; mansos y descastados a excepción de 1º y 2º; 5º, muy flojo. FERNANDO ROBLEÑO: silencio; silencio tras aviso. LUIS BOLÍVAR: silencio tras aviso; silencio. RUBÉN PINAR. silencio; silencio. Plaza de Las Ventas, 28 de mayo. 20ª de la Feria de San Isidro. Tres cuartos de entrada. Observaciones: el subalterno Ángel Otero saludó tras banderillear al 4º.

'Bastonito', ¿dónde estás? ¿Dónde estás, 'Bastonito'? Sí, hombre, aquel toro mítico de la otrora divisa encastada y fiera, aunque noble, de Baltasar Ibán, que con su bravura estremeció, hace ya dos décadas exactas, los cimientos de Las Ventas, como su matador, el entonces indiscutible 'número uno', César Rincón y nos puso una aguja de angustia en el esófago, y también de disfrute por la forma en que el colombiano se jugó la vida para hacerle frente a ese derroche de bravura. O sea, la antítesis del juego que este miércoles ofrecieron, salvo los dos primeros, los bureles de este hierro.

No debe ser casualidad que esta pareja de sucesores de 'Bastonito', eso sí a años luz del histórico burel, pero con codicia en la muleta y regular cumplimiento en el penco arrrancándose de lejos -pero en plan bravucón, que no bravo, sin entregarse luego ante el piquero, algo que sucedió con casi todos los hermanos y que confundió a algunos espectadores- ofrecieran algo de casta y emoción. Sobre todo el segundo, que desbordó a otro colombiano, Luis Bolívar, quien también está a años luz de su compatriota, hoy ganadero.

Es menester, justo y necesario reseñar que en el momento de la faena arreció el viento, sí; mas también que Bolívar, con un punto de desconfianza, jamás encontró el lugar mágico de las distancias ni los terrenos ni el temple, por lo que aquello remedó en un sucedáneo y el bicorne acabó sacando lo peor de su catadura por culpa del colombiano. Otra cosa fue el que abrió la función, cuyo celo embestidor fue a menos, por lo que Fernando Robleño, en una faena sincera y de entrega pero falta de continuidad en las series sueltas, no acabó de redondear.

Más saludos para Ángel Otero
Y pare usted de contar, porque como una gaseosa, el festejo fue a menos a partir del tercero, un descastado animalote que iba al paso y sin interés ninguno en los trapos ni en su matador, pese a los intentos imposibles de Rubén Pinar en pleno aguacero. Como le aconteció con el último, y ya se sabe que dos no se pelean si uno no quiere. De modo que el albaceteño, que confiaba en un fuerte aldabonazo en Madrid para sumar contratos, quedó prácticamente inédito.

Tampoco los segundos del lote del madrileño y del colombiano ofrecieron ni un ápice de casta ni de 'na' de 'na'. Sólo la fachada del de Robleño -con el que volvió a lucirse con los rehiletes, como 24 horas antes el gran subalterno que es Ángel Otero-, de impresionante arboladura donde podían colgar la colada los barrios de media ciudad. Peor todavía fue lo del quinto, que llegó a la pañosa tan ayuno de fuerzas que hocicó varias veces la arena. 'Bastonito', ¿dónde estás? ¿Dónde estás, 'Bastonito'?... en el fondo del mar de la otrora ganadería puntera y hoy vulgarísima y 'desolé'.

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