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El Triángulo Azul.
El Triángulo Azul.

El triángulo azul: crónica del horror

sábado 03 de mayo de 2014, 12:37h
Un triángulo azul distinguía a los más de 7.000 españoles que fueron internados en el campo de concentración de Mauthausen al comenzar la Segunda Guerra Mundial. Poco más de dos mil sobrevivían en el momento de la Liberación. Ripoll y Llorente han hecho una estremecedora crónica teatral del horror que vivieron aquellos compatriotas repudiados por Franco y que, tras ser liberados, no pudieron volver a su patria. "El triángulo azul" se representa en el teatro Valle Inclán hasta el 25 de mayo.

Los autores toman como hilo conductor la audacia de dos prisioneros, trabajadores en el laboratorio fotográfico del campo, que consiguieron sacar documentos suficientes para probar posteriormente las atrocidades nazis y condenar a muchos de sus autores. Pero también asistimos a una ceremonia grotesca, a una revista musical puesta en pie por los presos españoles a ritmo de chotis o pasodoble. No hay frivolidad, hay ganas de vivir, de evadirse del horror tras las alambradas. Paco y Toni, los fotógrafos, fueron realmente Antonio García y Francisco Boix. Los españoles olvidados por Franco todavía tienen pendiente el homenaje del pueblo español. Por eso la obra de Ripoll -que ya escribió "Los niños perdidos" hace diez años- tiene el valor del documento, del recordatorio. Y todo ello con un armazón teatral extraordinario. No se ahorran escalofríos al público; no se evita poner un nudo en la garganta del espectador. Durante dos horas el teatro recupera el valor de poner ante nuestros ojos una realidad que, quizá, preferimos ignorar. Hay inteligencia en el diseño del espacio escénico, reforzado por las proyecciones de fotografías reales. También la iluminación crea atmósferas frías, irreales, como de pesadilla. Tal vez el texto, sobre todo en la primera media hora, tiene exceso de información, lastrando el avance de la acción. Pero cuando todas las circunstancias han sido expuestas, el drama avanza imparable. Para las canciones se inspiran los actores en la más negra de la estética goyesca o solanesca. Sobre todo el chotis "El crematorio" es puro esperpento y hay también una pesadilla con todo el horror de los grabados goyescos y hasta el carretón del Baldadiño valleinclanesco.

Tres músicos y siete actores ofician la ceremonia totalmente entregados. Nadie flaquea durante las dos horas de representación. Están en una escala de edades entre la adolescencia y una resignada madurez. Quizá el público recuerde la emocionada carta al hijo que recita José Luis Patiño. O el desarmante candor de Jorge Varandela como el adolescente que jugará un papel decisivo en la heroica acción. Pero todos están impecables.

Es inevitable retrotraernos medio siglo atrás para encontrar el estreno en Madrid de "Terror y miseria del III Reich". Lo dirigió Plaza con el TEI en el desaparecido teatro Benavente. Se estrenó el 8 de agosto de 1974, en pleno verano, cuando los teatros se quedaban vacíos. Faltaba más de un año para que Franco muriera. Pero aquel estreno fue un éxito clamoroso y consiguió prolongar las representaciones que, más tarde, se trasladaron al Pequeño Teatro de Magallanes. No sé si la pareja Ripoll-Llorente conocían este aniversario. Pero, cincuenta años después, el nazismo mantiene viva la capacidad de horrorizar. Viendo "El triángulo azul" es inevitable acordarse de Brecht porque este texto -y su forma de ponerlo en pie- tiene mucho que ver con su teatro. Solo que nuestros autores han tenido el acierto de entresacar una historia cercana, con protagonistas que fueron, y siguen siendo nuestros. Tal vez eso añada intensidad a las reacciones del público. Porque tras la representación, el patio de butacas se pone en pie aclamando a los actores, ovacionando merecidamente un trabajo que no dudamos en recomendar.

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