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Promesas electorales, ¿ya?

lunes 28 de abril de 2014, 18:55h

El descaro de algunos dirigentes políticos les lleva a anunciar medidas populistas cuando se acercan las elecciones, incluso poniéndolas en práctica durante el tiempo suficiente hasta que obtienen la confianza de los votantes de buena fe. Luego, en cuanto ocupan su puesto, regresan al lamento, a culpar a la herencia recibida y a decir lo mucho que sufren por tener que hacer lo que no les gusta. Y entonces vuelven a sangrar al ciudadano. Es una costumbre tan repetida que da asco.

Ahora la alcaldesa cumple con la irritante norma ante la proximidad de las próximas elecciones en Madrid y anuncia que bajará y suprimirá la tasa de basuras y eliminará parquímetros en tres barrios periféricos. Pero lo que no dice, ni lo piensa quien le escribe los discursos, es que tales medidas sólo son el arrepentimiento por cosas que nunca debió hacer, por injustas e injustificadas. Porque la tasa de basuras ya la pagaban los madrileños dentro del IBI, y fue injusto aplicarla: una requisa municipal inmoral e indecente. Y por lo que respecta a la retirada de parquímetros, se trataba de una mera actuación recaudatoria, injustificable e injustificada, porque en esos distritos nunca fue necesaria tal medida.

El argumento electoral esgrimido es la bonanza en las cuentas municipales. ¿Bonanza? ¿Qué bonanza? ¿Y ni una palabra de los ocho mil millones de deuda dejados por el PP de Ruiz-Gallardón a los madrileños, ni una autocrítica, nada? Y si no se acuerda de la megalomanía de su antecesor, tampoco recuerda sus dos años al frente del Ayuntamiento de Madrid, en los que ha privatizado todo lo que ha podido, ha dejado a miles de niños sin escuelas de música, ha dejado abandonados teatros y espacios públicos, ha deteriorado los servicios de autobuses, ha manipulado las mediciones de contaminación, ha despedido trabajadores, ha malgastado el dinero público en ocurrencias culturales, ha dejado ensuciarse Madrid y no ha limpiado la imagen de un equipo municipal lastrado por el desgobierno, la tragedia del Madrid-Arena, el rodillo de la mayoría absoluta, la desconsideración con la oposición, la falta de respeto a los distritos y la complacencia con decisiones sonrojantes, entre las que no es la menor dar una calle a Margaret Tatcher.

No me extraña que a muchos vecinos les repugne la reiteración de las promesas electoralistas y empiecen a caer en el abismo del descreimiento. Si Rajoy prometió justo lo contrario de lo que está haciendo, a la alcaldesa de Madrid no se le puede exigir que camine por sendas más transitables. Pero sí se le puede decir que no está engañando a nadie, que sus palabras huelen mal y que lo que necesita Madrid, como primera medida, es que los suyos dejen la ciudad en otras manos, porque las que hoy amasan el pan conservan manchas que no se lavan con promesas de suprimir cosas que nunca fue lícito ni justificado hacer.

Ana García D´Atri.
Concejala socialista en el Ayuntamiento de Madrid. 

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