www.madridiario.es

Bienvenidos a Madrid

lunes 07 de abril de 2014, 14:21h

Bienvenidos, hijos del rock and roll, diría Miguel Ríos a todos cuantos entran en Madrid; bienvenidos los aliados de la noche. Fue una letra más que apropiada para las largas noches de los ochenta, noches en que Madrid amanecía en la Castellana. Mucho han cambiado los usos y costumbres impuestos a los vecinos de Madrid que siguen siendo de natural dados a la conversación, el encuentro y el trasnoche.

Pero al viajero que llega desde el norte, desde cualquier localidad del País Vasco por ejemplo, conviene advertirle de que ha llegado a Madrid a partir del momento en que empieza a ver monumentos que no reconoce y que afean absolutamente los perfiles asentados por nuestra cinematografía.

A quienes entren por la plaza de Castilla, hay que advertirles del obelisco de Calatrava, el monumento más caro de cuantos nos han regalado a lo largo de la historia a los madrileños. Un engaño más de Gallardón, al que contribuyó gustoso Cajamadrid y terminamos pagando todos los madrileños, en una cantidad de millonaria que el PP se niega a desvelar. Ese obelisco dorado que hubo que situar, por empeño del alcalde, entre las dos torres inclinadas KIO que inmortalizara nuestro cine más reciente, el de Alex de la Iglesia.

En la misma línea ha quedado, en la entrada por la Carretera de la Coruña, el faro frustrado, que no se sabe si calificar como monumento o como edificio pero que, después de nueve millones de euros de desembolso, sigue pendiente de que el Ayuntamiento se digne a firmar un convenio con la Universidad Complutense para poder utilizarlo como mirador. Era difícil el reto de afear aún más la entrada por una Avenida de la Victoria y el monumento de un Arco de una "victoria" (¿se debe seguir llamando victoria al final de una guerra entre españoles?) que se mantiene con unas leyendas sangrantes que el PP se niega a eliminar, agravando el dolor de unos causado por otros.

Por si no es suficiente, llevamos cuatro años recibiendo a los que vienen del sur con un caballo vendado, el de la Plaza de Legazpi, empaquetado mal, no como lo hacía Christo, el famoso artista que envuelve edificios; un monumento que sólo el PP parece no ver a pesar de estar justo al lado del Matadero.

El resto de las entradas a Madrid siguen más o menos como siempre, es decir, sucias y feas, también para los viajeros que vienen de Extremadura y observan el abandono que se ha apoderado de la que fuera la Estación del Norte. Pero al menos, ningún monumento ha rivalizado en protagonismo y aún queda en sus proximidades el Viaducto, que sigue caracterizando Madrid, como muy bien ha sabido reivindicar Pedro Almodóvar en Los amantes pasajeros.

La entrada por la carretera de Barcelona sigue la misma línea del abandono. Pero con un desaguisado sobre el Ayuntamiento: la demolición de la Pagoda de Fisac, una arquitectura única en Madrid cuya desaparición nunca lamentaremos lo suficiente, sin que el hotel Puerta de las Américas sirva para olvidarlo. Abandono en un intercambiador siempre en obras ¿hasta cuándo?, el de la Avenida de América.

Y qué decir de la carretera de Valencia: no nos da la bienvenida con más monumentos que los fúnebres del cementerio de la Almudena. Pero incluso el cementerio tiene más estética monumental que los bodrios que el PP se empeñó en plantar en las entradas a Madrid a un gasto altísimo y afeando la ciudad.

Sería muy de agradecer que alguien de quien trabaja en el paisaje urbano piense en Madrid en su conjunto y, un día de estos, si no les viene mal, se acuerde de las entradas a la ciudad porque para quienes no conocen la ciudad la primera y la última impresión es esencial. Porque quienes vivimos aquí seguimos recordando que hubo otros tiempos, los de sus Puertas (Alcalá, Atocha, Toledo...), todas más dignas que las puertas del siglo XXI.

Pero mientras dan con una idea mejor, con alguna idea, vaya, tarareemos la canción de Miguel Ríos y demos la bienvenida con las imágenes de nuestro cine. Y quizás, al llegar a la Gran Vía, veamos un luminoso que nos recuerde lo que fuimos. Eso, si alguien no se empeña en quitarlo.

Ana García D'Atri.

Concejala socialista en el Ayuntamiento de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios