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Julio César: la épica y la palabra

martes 28 de enero de 2014, 07:50h
"Julio César" fue una de las producciones estelares del último festival de Mérida. Después la producción se recicló para seguir haciendo gira por España. Recala estas semanas en el teatro Bellas Artes con un elenco plagado de nombres reconocidos: Mario Gas, Tristán Ulloa, Sergio Peris-Mencheta, José Luis Alcobendas... Paco Azorín es el responsable de la adaptación, la escenografía y la dirección.
  • 'Julio César'
    Antonio Castro

  • 'Julio César'
    Antonio Castro

  • 'Julio César'
    Antonio Castro

  • 'Julio César'
    Antonio Castro

Esta es una de las obras épicas de Shakespeare, despojada en el montaje actual de la grandilocuencia escénica. Azorín apuesta por la palabra por encima de la épica, con una versión muy eficaz que lleva el argumento a cualquier tipo de público. Pero en el camino se pierde la grandeza de un teatro que se presta al espectáculo total. Seguramente en el imponente teatro romano de Mérida se vería de otra manera, pero para escenarios convencionales queda un poco como teatro de cámara.

En Julio César el remedio resulta peor que la enfermedad. Los conjurados para asesinar al César, que amenaza con convertirse en dictador, acaban provocando una guerra fratricida. En esta propuesta funcionan mejor los últimos actos, con un poco de acción en escena y con los actores más belicosos. Así la dolorosa decisión de Bruto de convertirse también en ejecutor se revela inútil. La violencia solo engendra violencia.

Tristán Ulloa y José Luis Alcobendas, como Bruto y Casca llevan el peso de la representación y están ajustados a sus personajes. En esta obra quien da el título no tiene gran protagonismo en escena. Mario Gas es Julio César con breves apariciones en las que el actor hace lo que, en términos taurinos, se llama una "faena de aliño". El resto del reparto cumple correctamente sus cometidos, con especial relevancia a Peris-Mencheta quien, como Marco Antonio, tiene a su cargo el monólogo del funeral, uno de los momentos estelares del teatro universal. En esta propuesta al cadáver se le supone y el actor debe dirigirse al auditorio sin el recurso del finado, que siempre añade dramatismo. Los personajes femeninos se han obviado.

Por sus dimensiones, por su trascendencia, por su magnificencia, "Julio César" no ha sido una obra muy representada en España. Lluis Pascual intentó en 1988 un montaje a mitad de camino entre la grandiosidad y el intimismo y quedó en tierra de nadie. Esta versión del siglo XX se ve apropiada para todos los públicos sin que llegue alcanzar la epopeya que se le supone al texto de Shakespeare.

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