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Fraguas: "La corte ha fagocitado a la villa"

Por Enrique Villalba
miércoles 15 de enero de 2014, 07:30h
Rafael Fraguas (Madrid, 1949) es periodista, profesor de teoría política y escritor. Atendió a Madridiario con motivo de la presentación de su nuevo libro 'Madrid por dentro', publicado por la editorial Cuadrilátero de libros. En él hace un repaso de los principales personajes y espacios de la ciudad, utilizando la red de Metro y su nomenclátor como hilo conductor.
  • Rafael Fraguas

    Rafael Fraguas
    Kike Rincón

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    Kike Rincón

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    Rafael Fraguas
    Kike Rincón

¿De dónde surgió la idea del libro?
La idea vino de una editorial catalana. Vi que a través de los personajes que dan nombre a las estaciones de Metro se puede contar la intrahistoria de Madrid. Es un viaje en el que se personaliza, hay elementos para el relato y se dan todos los componentes para explicar de forma amena parte de la historia de Madrid. Los madrileños tienen una oportunidad amable de conocer quién fue esa persona que da nombre a sus calles.

Denuncia en el libro que hay carencias importantes en el callejero.
Madrid es una ciudad bellísima pero muy fragmentada. Los alcaldes desconocían gran parte de la historia de la ciudad. Hay un caos en el nomenclátor. Una falta de ilación en los personajes y una tremenda carencia de personajes femeninos, que no llegan a representar el 7 por ciento. No obstante, en lo positivo, hay que valorar la cantidad de gente importante que ha vivido y pasado por Madrid.

Los personajes que dan nombre a las estaciones de Metro acaban dando nombre popular a barrios enteros.
Los madrileños tenemos un deseo de sorpresa ante lo más odiado por la gente, que es la rutina. Los ciudadanos viven en la ciudad buscando esa sorpresa y, con el tiempo, descubren que los personajes dan nombre a los barrios y buscan en qué sentido ese barrio guarda la esencia de ese personaje. Si se produce con suficiente intensidad, se produce esa fagocitación. Existe un problema en esta ciudad y es que muchas veces se toman decisiones de espaldas a los ciudadanos. Apenas se les pregunta cómo quieren que se llame una estación de Metro o una calle. Tampoco se les pide que ayuden a ornamentarlas. Hay mucha creatividad en la calle y a un alcalde no le cuesta nada.

Quizás porque si lo hacen pierden la posibilidad de articular un discurso político que les convenga para el futuro. En este libro, hay personajes que no se merecen una estación de Metro ni una calle.
Posiblemente. Hay un politicismo muy superficial en Madrid. El nomenclátor está trufado de decisiones de tipo coyuntural, mediático y partidista. Pero la ciudad es un organismo vivo que trasciende. Una ciudad como Madrid con una historia enorme, no está para colocar el nombre de una persona efímera o que ha hecho daño a la ciudad. Por ejemplo, que dos de los responsables de los bombardeos sistemáticos que esta ciudad sufrió en la Guerra Civil durante tres años estén reconocidos con una calle, me parece una aberración.

¿Perdura la conciencia de barrio en una ciudad de ciudades como Madrid?
Creo que en Madrid se da una dicotomía que es la de villa y corte. Coinciden las dos dimensiones. Pero es la corte la que ha fagocitado a la villa. Y esa conciencia de lo local tiene muchas más dificultades para pronunciarse que en otros sitios. Lo bonito es que no desaparece ni mucho menos esa conciencia de lo local pero hace frente a muchas más trabas porque el papel del Estado yugula al resto de las dimensiones mediante las cuales la ciudad se percibe a sí misma. Es curioso porque hay barrios donde esa conciencia es muy acendrada y hay personas que tienen un conocimiento extraordinario de la historia de su entorno. No obstante, la conciencia social está en interacción con la concepción del mundo de lo local. Estoy seguro de que, si rasca un poco, todo madrileño sabe dónde está y quiere saber más del lugar donde vive. Pero, como vivimos en un mundo muy acelerado y hay una conciencia de que Madrid es la capital, hace que pensemos en clave más genérica que en clave local. Lo ideal es mezclar ambas porque la identidad urbana es parte de la propia identidad. La gente se olvida de que Madrid es una ciudad muy importante. Mucho más de lo que la gente cree. Ha sido capital de un imperio que ha determinado muchos gustos y hábitos imperantes en Europa. El problema es que tenemos un sentido autocrítico muy profundo. Eso es un síntoma de libertad, aunque, a veces se nos va la mano.

Hay nombres que engañan en el callejero.
Sí. Los nombres son tropismos y se repiten con el tiempo. Muchas veces a los nombres se les añaden luego los significados. Por ejemplo, la glorieta de Quevedo tenía ese nombre por un gran propietario de la zona. Luego se aprovechó para dedicársela al escritor. Igual que los dichos. Por ejemplo, la frase es 'De Madrid, el cielo' porque es lo mejor de la ciudad con esa transparencia que genera la sierra. De la misma forma, la presencia del agua es fundamental para la ciudad. La Comunidad de Madrid tiene uno de los mayores acuíferos de Europa. Así, donde debería haber un páramo hay zonas muy fértiles. Cómo cambia la situación cuando el Canal trae el agua corriente o cómo los aguadores iban a la fuente de la Cibeles a coger agua. Tienes agua, tienes cielo, tienes gente maja, ¿qué le falta a Madrid? Con los dones que se nos dieron, cómo pudimos fallar. Creo que no hemos errado tanto como los que nos dirigieron, que ignoraban lo que tenían entre manos.

Se ha centrado en personajes de la cultura, la ciencia, el ejército, etcétera, y no tanto en políticos y reyes.
Soy un partidario de la importancia de la sociedad civil. La ciudad la gente la hacen los ciudadanos que piensan, que trabajan, que se expresan, etcétera. Ese es el meollo de la ciudad. Podemos tener muy buenos mandos, que sin unas buenas clases medias y proletarias, y sin buenos intelectuales, no van a cambiar. Es un homenaje a la vitalidad de la sociedad civil en Madrid. Su determinación para cuidar la ciudad. Por ejemplo, del Manzanares, que ha sido muy atacado y tiene más caudal que el río Jordán.

Habla de ignorancia para con la ciudad ¿Madrid es una ciudad desconocida?
Fuera es más conocida de lo que pensamos. Pero más conocida por la gente realmente culta, que conocen la importancia de Madrid. Los que no lo son, la identifican con cualquier otra ciudad de segunda fila de Europa. Esta ciudad es importante porque cada rincón guarda un secreto que tiene que ver con su propia historia. Poca gente sabe la importancia de las colonias de ingleses, alemanes o suecos en Madrid. O el asesinato de un embajador inglés en la década de 1650 cuando venía a representar a Cromwell. Entonces, Madrid era una superpotencia. El Palacio Real es, probablemente, el más importante del mundo a nivel arquitectónico, urbanístico y artístico. Ya quisiera Buckingham tener el emplazamiento que tiene el de Madrid. La gente que sabe conoce esos detalles.

Ese desconocimiento quizás proviene de que se han borrado parte de las huellas de la historia de la ciudad ¿Falta la didáctica de la ciudad?
Falta un esfuerzo más grande en ese sentido. Hubo algunos, como las placas del Ayuntamiento y el Colegio de Arquitectos. Pero ese esfuerzo debe desarrollarse desde la escuela. Amar la ciudad de uno es ponerla en relación con el mundo. Enseñar a los niños a amar su ciudad no es estimularles en la xenofobia, sino en el sentido de relación a los demás. Soy partidario de que se estableciese una asignatura en el colegio relacionada con el patrimonio histórico-artístico-medioambiental porque es un elemento de cohesión social y de vertebración política fundamental.

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