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Carlota: Mihura, pero menos

miércoles 18 de diciembre de 2013, 08:51h
Mihura estrenó 'Carlota' el año 1957. En más de medio siglo apenas se ha repuesto. El año 1997 se hizo una versión en La Muralla Árabe con María Kosti y África Gozalbez. Ahora la repone el Centro Dramático Nacional, dirigida por Mariano de Paco y protagonizada por Carmen Maura.
  • 'Carlota'
    David Ruano

Treinta años llevaba la actriz sin hacer teatro en España, desde que protagonizara 'La salvaje' en el Lara. Durante la presentación, Carmen manifestó que no quería volver con un montaje que cayera fundamentalmente sobre su espalda. Ha preferido sentirse arropada por un elenco numeroso y con una protagonista que no acapara todas situaciones. Quizá los admiradores de la Maura esperaran un ejercicio más arriesgado con el que pudiera desplegar todos sus recursos. Carlota es un personaje agradable, una mujer con una cierta dosis de locura y misterio. Pero no es brillante o, al menos, no lo parece en esta propuesta.

Carlota teme que su segundo marido se aburra en el matrimonio y urde una trama de suspense que vamos conociendo a partir del desenlace. Es decir, en la primera escena asistimos a un crimen y durante la función veremos cómo se ha llegado a cometer. Un juego dramático a imitación de Agatha Christie, pasado por el tamiz humorístico de Mihura. No tiene la redondez de otros textos del autor ni la locura del coetáneo Jardiel. Pero se deja ver con agrado. A destacar el desternillante diálogo del prólogo en una calle londinense. Aconsejamos al teatro que demore un poco el comienzo de la función. Siempre hay espectadores que tardan en guardar silencio o apagar los teléfonos y así se pierde ese primer diálogo.

Mariano de Paco deja claro desde los estupendos títulos de crédito que va a dar un cierto tratamiento cinematográfico a la obra. El problema que tiene el texto es que se dicen muchas cosas, pero realmente pasan pocas. Se cuentan muchas vicisitudes de los numerosos personajes, pero no vemos sus acciones. Y el discurso se alarga en detrimento del ritmo y del interés. Algunos actores quieren remediarlo hablando atropelladamente, y el resultado es peor. Además despistan algunos detalles del montaje. Las señoras -Carlota y su amiga Margaret- visten trajes con largo de los años cincuenta pero la pareja de sirvientes van del XIX. Constantemente se alude a la niebla, a la humedad, al tiempo de perros, pero Margaret aparece con trajes primaverales y hasta con uno totalmente veraniego, sin hombros. También, en los oscuros, asistimos a un juego de sillas que podría evitarse. Y hay una tendencia a desarrollar una buena parte de la acción junto al hombro izquierdo (del espectador) cuando hay un estupendo escenario.

Curiosamente llaman más la atención los actores con menor papel. Pilar Castro -irreconocible- hace un ama de llaves divertida y siniestra. Jorge Machín destaca como el sargento enamorado y Antonia Paso es una amiga coqueta y convincente.

Seguramente en años sucesivos volveremos a ver Tres sombreros de copa, La decente o Melocotón en almíbar. Pero no creo que Carlota se incorpore al repertorio de Mihura a reponer. ¡Ah!, dos manzanas más abajo del teatro María Guerrero se representa Maribel y la extraña familia, que triunfa desde el pasado verano. Y es que ese texto, perteneciendo al mismo estilo de comedia que Carlota, resulta muy superior.

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