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¡Qué desastre de función!, el desmadre

martes 03 de diciembre de 2013, 10:27h
Desde que se estrenara, en 1984, la comedia Al derecho y al revés (Noises off) ha vuelto con regularidad a la cartelera madrileña. Ahora podemos verla en el teatro Calderón con el título de '¡Qué desastre de función!', dirigida, como siempre, por Alexander Herold.
  • '¡Qué desastre de función!'
    Antonio Castro

  • '¡Qué desastre de función!'
    Antonio Castro

  • '¡Qué desastre de función!'
    Antonio Castro

Michel Frayn, el autor, planteó una obra en tres tiempos sobre el ensayo, estreno y deterioro de una compañía teatral representando un disparatado vodevil. En el primer acto asistimos al ensayo general. En el segundo el escenario da la vuelta y vemos lo que sucede entre bastidores (¡nunca entre bambalinas...!) durante una representación con público. Y el tercero la compañía se desmadra hasta lo increíble en la enésima función de una gira.

Un artificio teatral que se convierte, efectivamente, en un gran desmadre milimétricamente controlado. Las rencillas entre los actores, los problemas técnicos, los divismos, los amores y desamores se ceban en este microcosmos absurdo y desternillante. Herold conoce esta pieza como su documento de identidad. Creo que la ha montado seis veces. Por eso conoce todos sus mecanismos internos y ayuda a los actores a desenvolverse en el aparente caos escénico. El primer acto es el más premioso porque expone todos los elementos que se distorsionarán en los siguientes. El segundo es sensacional porque transcurre todo con acciones mudas, ya que, al otro lado del decorado, se desarrolla una función. Y en el tercero todo salta por los aires provocando carcajadas a cada minuto. El público real de la sala ya conoce bien el falso vodevil y disfruta viendo como los actores lo revientan a conciencia.

La obra es extenuante para los actores. Sus carreras durante dos horas por los dos pisos del decorado agotan hasta a los espectadores. Tienen un ritmo endiablado, en el que no pueden olvidar cientos de detalles de atrezo, imprescindibles para que todo encaje. Como esos malditos platos de sardinas, justificados porque la obra que representan se titula, precisamente, Enséñame tu sardina.

Vi el primer montaje con un reparto en estado de gracia en el que destacaban Amparo Baró, Paula Sebastián, Kremel, Paca Gabaldón... Los actores que ahora lo representan en el Calderón tienen un dominio absoluto del trabajo y, algunos, comicidad desbordante. Carmen Conesa se sale de sus roles habituales para dar vida a una primera actriz pasota. Vanesa Romero, como la actriz guapa y tonta, está sensacional en su aturdimiento, en sus escenas a piñón fijo pase lo que pase a su alrededor. Pero todos contribuyen con eficacia a que no decaiga el desmadre hasta el final que, con toda seguridad, sería también el final para siempre de una compañía así de desmadrada.

Por cierto que de este autor, Michael Frayn, solo hemos visto en Madrid otra obra, Copenhague, en las antípodas de esta divertida comedia. También existe una versión cinematográfica de 1992 que protagonizó el desaparecido Christopher Reeve, junto a Michael Caine y Carol Burnett.

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