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Madrid es un lugar

miércoles 17 de julio de 2013, 11:54h

Madrid es un lugar. Esta evidencia para todos los vecinos no lo es para la alcaldesa de Madrid que se ha permitido decir en la presentación de Lausana de la candidatura olímpica que Madrid no es un lugar. Madrid es un lugar y no quiere llegar a ser un "no-lugar".

Mucho se ha escrito del no lugar -Marc Augé- y eso es precisamente lo que hay que evitar: que Madrid se convierta en ese ámbito con los mismos establecimientos que otros lugares del mundo, por el que se circule sin rasgos diferenciales como si se tratara de un pasillo o de un puente colgado entre inmensos centros comerciales, como la más inquietante de aquellas ciudades imaginarias de Calvino.

Madrid es un lugar, como saben todos los vecinos, por su Historia, por su ubicación, por sus características geográficas (con su río) y desde luego por sus primeros pobladores: su prehistoria, -que está bajo nuestros edificios-, sus pedazos de muralla árabe y cristiana que pueden verse en la Plaza de Ramales e incluso en las calles del Espejo y Escalinata y en la planta baja de algunos restaurantes; sus callejuelas de los Austrias; su plaza que rinde homenaje a la joven heroína Manuela Malasaña; su Residencia de Estudiantes, en donde residieron talentos reconocidos en todo el mundo: Lorca, Dalí, Buñuel...

Madrid es el lugar que más resistió al fascismo en la guerra. Es el "No pasarán", son aquellos edificios bombardeados y su recuerdo, la Ciudad Universitaria... Hay tanta Historia en la ciudad que sus calles están impregnadas de su propia Historia.

Madrid es la ciudad de los gobiernos de España, desde Felipe II. Gobiernos alojados en sus edificios. También fue el escenario del 23 F, cuyo golpe se ejecutó con armas en el Congreso de los Diputados.

Madrid es el lugar más significativo de España. Por eso también es la cuna donde han mecido las más sangrantes tragedias, como los asesinatos de los abogados de Atocha y el incalificable atentado del 11-M. Todos tenemos recuerdos asociados y asociamos estos recuerdos a los lugares: desde aquel momento la estación de Atocha nunca será la misma para ningún madrileño.

Y, cómo no, Madrid es vanguardia de España en sus movimientos y movilizaciones ciudadanas, tanto culturales como festivas, desde las noches de los ochenta, el Madrid "abierto hasta el amanecer", hasta el reciente 15-M que acampó el descontento en Sol generando ambos movimientos portadas en todos los periódicos del mundo.

Claro que Madrid es un lugar: es la Puerta del Sol el lugar elegido para esa concentración masiva e intergeneracional del descontento que se comparó a parisino Mayo del 68. Es ese lugar de la Puerta del Sol donde se recibe con ilusión cada 31 de diciembre el nuevo año frente al reloj de la que fuera la Dirección General de Seguridad (en donde a tantos se privó de libertad por manifestarse en los años del franquismo). Claro que es un lugar y los lugares tienen memoria. Y los madrileños tenemos memoria de los lugares. Y tienen nombre. Son lugares con Historia, nombres y emociones.

Negar que Madrid es un lugar es negar la Historia de sus habitantes, su geografía, es negar lo que la constituye, es negar su identidad, es fiarlo todo al presente y mirar al futuro sin volver la vista atrás. Somos lo que seremos, pero nunca podríamos serlo sin saber también lo que fuimos.

Madrid es un lugar, claro que sí. Y lo son sus monumentos, sus espacios, un lugar no intercambiable, único. El lugar que genera pertenencia, identificación, sentimientos. Somos el Museo del Prado y los nuevos museos; el Jardín Botánico, el Palacio Real, la Puerta de Alcalá y la Puerta de Toledo, somos el río Manzanares y el Museo de Ciencias Naturales... Somos tantos lugares...

Pero, por encima de todo, somos nuestra cultura. Y es el momento de definirnos desde nuestra cultura. La imagen mundial de Madrid se debe hoy, sobre todo, a su cine. Y a todas sus bellas artes.

Seguimos siendo los cielos de Velázquez y las pinturas negras de Goya; somos las calles de Antonio López y de Amenábar, de Almodóvar y de Alex de la Iglesia; nos describen las letras de Sabina, Ana Belén y Victor Manuel, Los Secretos... Somos su música y sus textos, los de Gómez de la Serna, Galdós, Pérez Reverte, Valle Inclán, Umbral, Luis Antonio de Villena... Claro que somos un lugar: somos nuestros arquitectos, como Juan de Herrera, Ventura Rodríguez, Sabatini, Palacios y Otamendi... Y, ahora, también Jean Nouvel. Somos el alma conquistada por Alberto García Alix e Isabel Muñoz. Somos sus urbanistas y sus paisajistas, somos nuestra ciudad porque nos reconocemos en los creadores que han trabajado y dejado huella en la ciudad.

Claro que somos un lugar, un lugar vivo, en permanente transformación, un lugar que cuenta su historia entre sus ladrillos, en sus murales, en sus espacios, en su trazado, en el diseño y en el no diseño. Todo ocupa un lugar.

La señora Botella, una vez más, tiene rectificar. Que nos deje ser, al menos, un lugar; con toda la emoción que quiera, pero un verdadero lugar. De "Madrid no es un lugar" podríamos llegar a "Madrid es un no-lugar". Un simple cambio de factores que acabaría por convertir la capital de España en lo que ni es ni nadie desea que sea.

¿Es esa la idea a transmitir en los Juegos Olímpicos? En ese caso, ¿qué se podría celebrar en un no lugar?

 

Ana García D'Atri.

Concejala socialista en el Ayuntamiento de Madrid.

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